Evangelio del día Jueves 16 de Agosto Evangelio 

Evangelio del día Jueves 16 de Agosto

Jueves de la decimonovena semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Roque Enfermero.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”.
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo”.
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

[…] Jesús explica a Pedro que es necesario perdonar setenta veces siete, que equivale a siempre, para reafirmar que el perdón de Dios a nuestros pecados y nuestro perdón a los demás están estrechamente relacionados.

Todo parte de cómo nosotros, en primer lugar, nos presentamos a Dios para pedir que nos perdone.

Hay que pedir perdón sinceramente, con el corazón, y de corazón debe ser dado a quien nos ha ofendido. Como el patrón de la parábola evangélica relatada por Jesús, que condona una deuda enorme a un siervo suyo porque se compadece por sus súplicas.

Y no como hace ese mismo siervo con un semejante, tratándolo sin piedad y mandándolo a la cárcel, aun siendo deudor de una suma irrisoria. La dinámica del perdón es la que enseña Jesús en el Padrenuestro.

Jesús nos enseña a rezar así al Padre: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. “Pero, Padre, yo me confieso, voy a confesarme…”. “¿Y qué haces antes de confesarte?”. “Pienso en las cosas que he hecho mal…”. “Está bien”. “Después pido perdón al Señor y prometo no volver a hacerlas…”. Bien. Y después vas a lo del sacerdote. Pero antes te falta una cosa: ¿has perdonado a aquellos que te han hecho el mal?.

El perdón que Dios te dará, requiere el perdón que tú des a los demás. Este es el razonamiento que Jesús nos enseña sobre el perdón.

Primero: pedir perdón no es un sencillo pedir disculpas, es ser consciente del pecado, de nuestra idolatría, de las tantas idolatrías.

Segundo: Dios siempre perdona, siempre. Pero pide que yo perdone. Si yo no perdono, en cierto sentido cierro la puerta al perdón de Dios.

“Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

(Homilía en Santa Marta, 10 de marzo de 2015)

Oración de sanación

Señor mío, cuántas veces Tú me has perdonado enormes faltas y yo sigo teniendo ese corazón duro para perdonar pequeñeces a mis hermanos.

Si no puedo ofrecer el perdón a quien me ha ofendido, no me puedo llamarme tu discípulo, pues le estoy poniendo límites a tu misericordia.

El perdón es una de las principales banderas de tu Reino, tener compasión de quien me ha ofendido me lleva a un encuentro más personal contigo.

Sin perdón, no podré nunca encontrar la paz en ese abrazo de esperanza que guardas para todos los que te siguen y obran según tu corazón.

Ayúdame a perdonar, acudo a tu divina presencia, a tu amor sin medida para que, por tu Gracia, destruyas todo rastro de dolor y rencor en mi alma.

Sosiega mi alma con los vientos cálidos de tu compasión y barre con esa oscuridad interior que me encierra en un frío cuarto de dolor y frustración.

Necesito de tu fuerza sanadora que todo lo restaura y lo hace nuevo para poder apaciguar mi alma y librarme todo sentimiento negativo en mi interior.

Toca mi corazón, transfórmalo, toca mis sentidos y haz que yo pueda ser tan compasivo como Tú. Confío en el poder de tu amor. Amén

Propósito para hoy

Hacer una revisión sobre como actúo ante las leyes de todo tipo. ¿Busco evadirlas? ¿Cumplo sólo lo que me conviene? Reflexionar

Frase de reflexión

“El amor de Cristo llena nuestros corazones y nos hace capaces de perdonar siempre”. Papa Francisco.

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