Llenando el Abismo Infinito Opinión 

Llenando el Abismo Infinito

Por  José R. Arévalo | misionerosdigitales.com

 

Este artículo está inspirado en otro, autoría de Kenneth Hensley (un profesor y autor católico que se convirtió del protestantismo).

En su artículo Hensley hace referencia a Blaise Pascal, un filósofo, físico y matemático francés que lastimosamente falleció antes de terminar su apología de la religión cristiana, pero que nos dejó sus “Pensées” y dentro de ellos uno muy profundo, el 425 de la sección séptima acerca de la felicidad, aquí los extractos relevantes:
 
“Todos los hombres buscan ser felices; esto no tiene excepción por diferentes que sean los medios empleados… es el motivo de todas las acciones de todos los hombres, incluso de aquellos que se destruyen a si mismos… y sin embargo, después de tantos años, nadie, jamás, ha llegado sin la fe a este punto al que todos se dirigen continuamente [la felicidad]. Todos se lamentan; príncipes, súbditos, nobles, plebeyos, viejos, jóvenes, fuertes, débiles, sabios, ignorantes, sanos, enfermos, en todos los países en todos los tiempos, en todas las edades y en toda condición… ¿Qué es, pues, lo que proclama este deseo [de felicidad] y esta impotencia [de encontrarla], sino el que ha habido antaño en el hombre una verdadera felicidad, de la que no le queda ahora sino la señal y la huella vacía y que trata inútilmente de rellenar con todo lo que le rodea, buscando en las cosas ausentes el socorro que no obtiene en las presentes. Pero todas estas son inadecuadas porque el abismo infinito [adentro de nosotros] no puede llenarse más que por un objeto infinito e inmutable, es decir que por el mismo Dios.”
 
Este pensamiento es un gran igualador para los hombres. Trayéndolo a nuestros días nos dice que todos desde el que está en la cima del mundo hasta el más despreciado de la sociedad y todos los que estamos en medio de esos dos extremos buscamos la felicidad.
 
¿Pero, de dónde viene esta búsqueda sin fin?  Un día hace mucho el hombre conoció la felicidad perfecta, pero fue perdida como consecuencia del pecado original que se transmite a través de las generaciones, lo curioso es que, así como se transmite el pecado, así se transmite esa señal y huella de lo que antaño fue la verdadera felicidad quedando en el hombre un hoyo. 
 
Ese recuerdo inconsciente de lo que fue la felicidad es por causa de la inmanencia de Dios en el mundo y especialmente en el hombre, hay varias cosas que vale la pena decir aquí para explicar este concepto de inmanencia. La primera es que: Dios es la causa de todas las cosas y, por lo tanto, no existe nada fuera de Él. Dios, en este sentido, es causa inmanente de todo lo que existe. Dicho de otro modo, no hay existencia que pueda ser explicada sin la presencia de Dios.
 
En otras palabras, la inmanencia no es otra cosa que la huella de Dios en el mundo. Se dice en las escrituras que el hombre fue “creado a imagen y semejanza de Dios” Gen. 1:26. Cuando era pequeño y recibía mi catequesis de primera comunión estudiábamos varias preguntas y memorizábamos sus respuestas. La pregunta y respuesta que quedaron grabadas o más bien dicho fusionadas con mi mente son estas: ¿Dónde está Dios? Respuesta: Dios está en el cielo, en la tierra y en todas partes, especialmente en el corazón del hombre.
 
Esa parte que puede ser muy grande o muy pequeña de Dios en el corazón del hombre es la huella de Dios, es la inmanencia de Dios. Si esa huella de Dios en el corazón del hombre es pequeña, el hoyo necesita ser llenado, pero a medida que buscamos por rumbos equivocados esa felicidad, el hoyo se convierte en un abismo.
 
Ese abismo es lo que tanto aquel que tiene todo lo material en la vida, así como aquel que no tiene nada son incapaces de llenar por si solos.
 
Hay personas que tienen dinero, poder, riquezas, mansiones, carros, aviones, barcos, bienes, joyas, metales preciosos, cientos de personas a las que mandan, súbditos, salud, familia, etc. Pero nunca les es suficiente.
 
Yo en mi condición material actual, por ejemplo, hoy por hoy no puedo imaginarme, me elude la noción de qué sentirá una persona que no tiene preocupaciones financieras, estamos hablando de cubrir una necesidad básica, del dichoso dinero pues.
 
Ahora bien, no puedo ni siquiera imaginarme por qué un sultán sintió la necesidad de bañar un Mercedes Benz en oro puro, o porqué tuvo la necesidad de mandar a pedir un Audi A8 construido de pura plata. No entiendo por qué un famoso empresario petrolero dueño de un equipo de futbol necesita un yate de diecinueve mil millones de Dólares.
 
Lo único que puedo pensar es que estas personas no pueden llenar ese abismo que también ellos llevan dentro. Porque “todas estas son inadecuadas porque el abismo infinito no puede llenarse más que por un objeto infinito e inmutable.”

Las palabras infinito e inmutable son claves en este tema.

La Real Academia Española en su diccionario define la palabra INFINITO como un adjetivo y dice “Que no tiene ni puede tener fin ni término”. Un adjetivo es pues, una palabra que acompaña a un sustantivo para expresar una cualidad innata a ese sustantivo. El sustantivo a su vez viene de la sustancia. El sustantivo se utiliza para señalar algo que ES. Con esto ya va haciendo un poco de sentido.
 
La segunda palabra que ocupa Pascal es INMUTABLE que tiene el siguiente significado: “No mudable, que no puede ni se puede cambiar”.
 
El problema con nuestro abismo es que es infinito, pero no es inmutable, porque cambia constantemente. El abismo es lo que en un momento en específico queremos, deseamos o sentimos que nos dará felicidad, cambia como cambian los tiempos, cambia como cambia nuestro estado de ánimo o nuestras necesidades.
 
Un día de estos vi una valla publicitaría y me quedé sorprendido de lo que decía: Huele la felicidad, era publicidad de candelas aromáticas. “Huele la felicidad”. Resulta que las candelas pueden costar entre 25 o 30 Dólares. ¿Tu crees que realmente vas a encontrar la felicidad oliendo una candela?
 
¿O acaso no hiciste planes en diciembre? El próximo año quiero comprar una casa, quiero la televisión curva para ver el mundial, el próximo año quiero viajar, quiero… quiero… quiero.
 
¿Está mal hacer planes? ¿Está mal tener metas? No. No es de esto que estoy hablando, estoy hablando del hecho de que postergamos la felicidad o creemos que vamos a encontrarla cuando lleguemos a un determinado punto en nuestra vida o cuando tengamos algo. Pero ¿De dónde ha salido esta idea vana y mundana de la felicidad?
 
Pascal dice que todos los hombres la buscan, incluso aquellos que se destruyen a si mismos. A los que se apartan de Dios que es la verdadera fuente de la felicidad, todas las cosas les parecen apropiadas para buscarla, incluso aquellas cosas injustas, contrarias a la razón, contrarias a la naturaleza y que van en detrimento del hombre mismo. Incluso aquellas que lo llevan a su propia destrucción. El consumismo, el materialismo, el egoísmo y el mercantilismo de nuestros tiempos, la necesidad de gratificación inmediata sin importar o medir consecuencias poco a poco nos han venido taladrando e incrustando en la cabeza la noción de que todo se vale siempre y cuando nos haga feliz y han profanado esta noción. 
 
Matrimonio gay: está bien, porque se aman y los hace felices. Aborto: está bien porque le complica sus planes de vida y no es el momento oportuno. Cirugía de cambio de sexo: si lo hace feliz está bien, y además tome hormonas. Hipotecar la casa por aquel super negocio que nos va a sacar de la mediocridad y nos hará millonarios: vale la pena el riesgo, hipotequemos la casa. Trabajar 15 horas sin parar para poder viajar, tener una casa más grande, poder andar en Mercedes Benz: está bien, no importa que no vea a sus hijos despiertos más que diez minutos en la mañana. 60 cervezas al día: lo que sea con tal de no sentir nada y entumecer la razón. Cocaína: me hace volar y me hace feliz, está bien. 
 
Pero el día de mañana me di cuenta que: no estaba de verdad enamorado. Me di cuenta que el aborto me dejó secuelas emocionales terribles. Que la cirugía y el tratamiento hormonal no me quitaron la infelicidad. Que perdí la casa porque el negocio no salió bien. Que trabajé 15 horas diarias para que a mis hijos no les faltara nada, pero les falta educación, amor y principios morales. Que amanecí con resaca. Que perdí todo porque se me acabó el dinero para la droga. 
 
Y el abismo infinito no se llenó. Si el hombre se aparta de Dios, no existe nada que sea capaz de ocupar su puesto. Porque el abismo solo puede ser llenado por el que ES infinito e inmutable. Por Dios. Jn. 6:68 Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
 
Solamente si pones tu felicidad en Dios vas a poder dejar el alcohol, las drogas, el adulterio, porque no buscarás tu felicidad en cosas que llevan a tu destrucción.
 
Solamente si pones tu felicidad en Dios, entonces todo lo demás tiene sentido. Lo bueno que haces lo continuarás haciendo mejor. Aquellos planes que harás este próximo diciembre van a estar centrados no en un deseo egoísta y mundano sino buscando el bien tuyo y de los que te rodean. Tu trabajo será una forma de santificar a tu familia y vas a llegar temprano a tu casa a abrazar, a sonreír, a animar, a educar y a amar a tus hijos y a tu pareja. Imagínate ir de vacaciones a una playa paradisiaca sin el vacío interno, contemplar un atardecer feliz porque estas compartiendo ese momento con el que creo lo que estás viendo.
 
Solamente si pones tu felicidad en Dios tendrás un matrimonio pleno, volverás a hablar con tu cónyuge, verás a tu pareja con ilusión, ternura y pasión. Solamente así volverás a besar a tu pareja y sentir como si fuera la primera vez. Solamente así te acostarás a las 10 u 11 de la noche completamente exhausto pero feliz de haber amado al máximo y de haber sido amado de vuelta.
 
Corintios 2 capítulo 12 versículo 9: “Mi amor es todo lo que necesitas”. Otras versiones nos dicen: “Te basta mi gracia”. Así se llena el abismo infinito.

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