Sagrado corazón de Jesús, remedio para la falta de Fe Fe 

Sagrado corazón de Jesús, remedio para la falta de Fe

Señor, qué bien se siente estar junto a ti, tenemos paz, seguridad, alegría, confianza, caminamos con ilusión, retirarme un momento de todo para entrar en tu presencia, en tu Corazón, eso es lo que anhela el alma. Me siento fuerte atraído hacia tantas cosas, buenas en si, porque Tú las creaste, pero solo Tú, puedes saciar plenamente mi alma. Cristo, Señor de mi vida, anhelo de mi corazón, Dios mío, verdadero y único alimento de mi alma. Cristo, Rey de reyes, de Dios mío, que moriste por mí en la cruz.

Mi alma está sedienta de ti, tengo el deseo profundo de encontrarme contigo. Es una gracia, que solo Tú me la puedes conceder, me arrodillo con humildad y sencillez, para arrancarla de tu Corazón generoso y lleno de Misericordia. Amén.

  • El corazón de Jesús, es el remedio para la falta de fe: El Apóstol Santo Tomás ve el Corazón del Señor que le invita a poner su dedo en la llega del costado y exclama con un grito de fe ardiente: ¡Señor mío y Dios mío!, se arrodilla delante del Señor en una acto de fe, que le lleva a exclamar que cree en El. Señor aumenta mi fe y que te reconozca en la Eucaristía, especialmente en el momento de la Consagración, SEÑOR MÍO Y DIOS MIO.
  •  El corazón de Jesús, es el remedio para la falta de Unidad: Su amor atrae a cada criatura hacia si y hace que aquellos que creen en El tengan un solo corazón y una sola mente. En medio de tanta división, malos entendidos, en medio de tantas familias rotas, sufrimiento el desagarro de separaciones, se Tu Sagrado corazón, que nos vuelva a unir, que vivamos en caridad, respeto y apoyo mutuo, que sepamos sanar heridas, que vivamos en armonía serenidad.

Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.

Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.

Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.

Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.

Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.

Amén

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