Una madre que sufre Editorial 

Una madre que sufre


Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

Cuando amas, caminas con el amado. Su lucha se vuelve la tuya; sus avances tus progresos, pero cada dolor suyo es también un inmenso sufrimiento para ti. De tal forma fue para los hombres y mujeres que hoy llamamos los santos de la Iglesia. Enamorados de Cristo vivieron y lo entregaron todo para sanar su Cuerpo que es la Iglesia, la cual a través de los siglos hasta el día de hoy, ha sido herida no solamente desde el exterior sino desde sus propias filas.

No hace falta recordar el protestantismo de Martin Lutero, fraile católico agustino que con la intención de “reformar” a la Iglesia la desmembró saliendo de ella en el siglo XVI. Además, se casó con Catalina de Bora, monja católica también alemana. De hecho, recientemente se “celebraban” los 500 años de la mal llamada Reforma. Pero ¿crear tanta separación en el Cuerpo de Cristo puede ser considerado un triunfo? El nombre con que se les denominó fue protestantes, ya que eso hicieron. Pero hoy nos han “robado” el nombre adjudicándose el de cristianos, cuando en realidad ¡nosotros lo hemos sido desde siempre! Seguimos a Cristo y somos parte de la única que fundó en Pedro: la Santa Iglesia Católica.

¿Cómo tratarías a una madre enferma? Seguramente con gran cariño, cuidado y haciendo todo lo posible para que se recupere y sane. Pues no es un secreto que nuestra madre está enferma. Me refiero a nuestra madre la Iglesia. Por cierto, ¿sabes por qué la llamamos así? El Papa Francisco lo explica de esta manera:

“La Iglesia es madre….en la fecundidad del Espíritu, continua generando nuevos hijos en Cristo…El nacimiento de Jesús en el seno de María, es el preludio del nacimiento de todo cristiano en el seno de la Iglesia, desde el momento que Cristo es el primogénito de una multitud de hermanos (cfr. Rm 8,29). El primer hermano es Jesús, nació de María, que es el modelo y todos los demás hemos nacido de la Iglesia. Comprendemos, entonces, que la relación que une a María y a la Iglesia es muy profunda….

Cada vez que bautizamos a un niño se convierte en hijo de la Iglesia…La Iglesia ha recibido de Jesús el tesoro precioso del Evangelio no para quedárnoslo, sino para darlo generosamente a los demás. ¡Cómo hace una madre!…comprometida, como una madre, en ofrecer a sus hijos el alimento espiritual que alimenta y fructifica nuestra vida cristiana” (Texto de la Audiencia General de los miércoles 2014).

Como te decía. Nuestra madre está enferma, pero muchos de sus hijos actúan de diferente forma: como si no lo estuviera; otros lo saben pero no creen que sea grave; y finalmente otros se percatan de ello y buscan actuar rápidamente. Y ¿de qué sufre? puedes estarte preguntando. La respuesta, considero, se encuentra bastante bien expuesta en las palabras del cardenal estadounidense Raymond Leo Burke, quien afirmó en mayo del 2017 en el Foro de Vida que tuvo lugar en Roma lo siguiente:

Su incapacidad para enseñar la Fe, en fidelidad a la constante enseñanza y práctica de la Iglesia, ya sea por un enfoque superficial, confuso o incluso mundano, y su silencio, ponen en peligro moral, en su más profundo sentido espiritual, a las mismas almas por las que han sido consagrados para cuidarles espiritualmente. Los frutos venenosos del fracaso de los pastores de la Iglesia se ven en la forma de adoración, de enseñanza y de la disciplina moral que no está de acuerdo con la Ley Divina”.

Así es. A pesar de que muchos luchan por mantenerse fieles a la Tradición y al mensaje de Cristo, numerosos católicos se han contaminado con la idea de que habría que desempolvar un poco las creencias y “avanzar” hacia lo actual. ¿Por qué está mal aceptar una unión del mismo sexo, o el aborto, o la eutanasia si no hacemos mal a nadie? De dicha lógica surge que quienes no aman a esta madre verdaderamente se inclinen a manifestar: basta de ser anticuados y conservadores ¡Actualicémonos un poco! Debo aclarar que no estoy en contra de una Iglesia joven, que exprese sus ideas y no tema ser escuchada. Pero una cosa es intentar sanar a nuestra madre con remedios naturales en lugar de antibióticos de golpe, y otra asegurar que ¡mejor hay que darle pastel y golosinas! Eso de los medicamentos ya no está de moda… ¿Adivinas las consecuencias que esto traería?

Afortunadamente esta madre tiene hijos que la aman y que buscan sanarla desde adentro. Uno de estos bellos casos es el de Santa Catalina de Siena. ¿Conoces su historia? Es impresionante. Como dato interesante: se cuenta que en 1366 mientras oraba en su habitación se le apareció Jesús acompañado de su madre María y un cortejo celestial. María, tomando la mano de Santa Catalina la acercó hasta Jesús quien le colocó un anillo y la desposó en lo que es denominado un “matrimonio místico”. Para ella, ese anillo era visible pero nadie más podía verlo.

Pero lo que nos concierne para finalidad del tema, es que uno de sus mayores logros fue lograr traer de vuelta al Papa de Avignon a Roma. El contexto era el siguiente: en el siglo XIII la familia Colonna atacaba a los Papas por lo que el Papa Benedicto XI tuvo que huir de Roma a Perugia donde muere ese mismo año. De forma que el siguiente elegido Papa, Clemente V al ser francés acepta irse a Avignon tras ofrecerle el Rey de Francia dicho traslado; cabe mencionar que este territorio era del Papa que en aquel tiempo estaba adjunto a Francia. Después vino Juan XXII quien consideraba Avignon como algo temporal. Posteriormente, vinieron Urbano V y Gregorio XI quienes anhelaban volver a Roma.

Éste último Pontífice le había prometido a Jesús en oración que si era elegido Papa haría lo posible para llevar su papado a Roma. Sin embargo cuando se lo manifestó a su corte nadie lo apoyó, de forma que consultó a Catalina quien le dijo: “Cumpla con su promesa hecha a Dios”. ¡Pero cómo sabe ella de esto! Gregorio XI, sorprendido de que ella conociera algo que solamente él y Jesús sabían, supo que Jesús le estaba hablando, por lo que inmediatamente comenzó lo necesario para irse a Roma.

Tal como ella, han existido numerosos santos que han entregado su vida por la unidad de la Iglesia, nuestra madre y esposa de Cristo. Retomando al cardenal Burke, éste afirma que la respuesta sería una dicha crisis es una catequesis solida. Y concuerdo con él. Los catequistas tienen una gran responsabilidad -tal como los padres- en sus hogares. Pero ¿qué sucede una vez que se ha hecho la Primera Comunión o la Confirmación? ¡Muchos no vuelven a poner un pie en la Iglesia! Además, ¿cuántos continúan seriamente su formación como católicos para conocer lo que creen y enfrentarse al mundo? Muy pocos..

Sin embargo ¡me alegro que estés leyendo este escrito! Sí, nuestra madre está enferma. El primer paso es reconocerlo. No todo está perdido, porque hay buenos hijos que están al pendiente de ella y dan todo por mejorarla. Tú eres un hijo y puedes ayudar. Ámala, defiéndela, conócela, sé parte de ella. Ora por los que forman parte de ella. Involúcrate: ¡sé un buen católico! Tanto te ha dado, te ha hecho hijo de Dios a través de sus sacramentos.

Y concluyo precisamente con una frase de Santa Catalina, Doctora de la Iglesia y Copatrona de Europa que dice con gran certeza: “Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero”. En otras palabras, los cristianos no estamos llamados solamente a ser buenos ¡sino a ser santos!

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