Evangelio del día Martes 15 de Mayo Evangelio 

Evangelio del día Martes 15 de Mayo

Martes de la séptima semana de Pascua.

Santo del día: San Isidro Labrador.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 17, 1-11a. 

Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: 
“Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, 
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. 
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. 
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. 
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. 
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. 
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, 
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. 
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús, habla con el Padre, en este discurso, y dice: “Te ruego por ellos”. Por lo tanto, Jesús ruega por nosotros. Un hecho que podría parecer un poco extraño, porque nosotros pensamos que es justo rezar a Jesús y Jesús nos da la gracia.

Pero Jesús reza por nosotros. Jesús que ora, Jesús el hombre-Dios que reza. Y reza por nosotros: ruega por mí, ruega por ti y por cada uno de nosotros.

En realidad, Jesús ya lo había dicho claramente a Pedro, asegurándole que rezaba para que su fe no decaiga.

En este discurso de despedida, Jesús ruega por todos los discípulos que vendrán y que creerán en Él. No ruega por el mundo, sino que ruega por ellos, diciendo al Padre que su oración es por estos que tú me diste, porque son tuyos.

Así, Jesús nos recuerda que todos nosotros somos del Padre y Él ruega por nosotros ante el Padre.

San Pablo, en el capítulo octavo de la Carta a los romanos, nos dice que es una oración de intercesión. De este modo, hoy, mientras nosotros rezamos aquí, Jesús ruega por nosotros, ruega por su Iglesia.

Y el apóstol Juan nos tranquiliza diciendo que, cuando pecamos, sabemos que tenemos un abogado ante el Padre: alguien que ruega por nosotros, nos defiende ante el Padre, nos justifica.

Es importante pensar mucho en esta verdad, en esta realidad: en este momento Jesús está orando por mí. Yo puedo seguir adelante en la vida porque tengo un abogado que me defiende. Si soy culpable, si tengo muchos pecados, Jesús es un buen abogado defensor y hablará al Padre de mí.

Y precisamente para destacar que Él es el primer abogado, nos dice: Les enviaré otro paráclito, otro abogado. Pero Él es el primero. Y ruega por mí, en la oración de intercesión que hoy después de la Ascensión al cielo Jesús hace por cada uno de nosotros.

Del mismo modo como cuando nosotros en la parroquia, en casa, en la familia tenemos algunas necesidades, algunos problemas, decimos “reza por mí”, lo mismo debemos decir a Jesús:

“Señor Jesús, ruega por mí”

¿Y cómo ruega hoy Jesús?: amando. Pero hay una cosa que Jesús hace hoy, estoy seguro que lo hace: muestra al Padre sus llagas. Y Jesús con sus llagas ruega por nosotros. Como si dijese:

“Padre, este es el precio. Ayúdales, protégelos, son tus hijos a quienes yo he salvado”. (Homilía en Santa Marta, 03 de Junio de 2014)

Oración de sanación

Señor mío, eres lo más grande mi vida y quiero confesarte que te necesito más que nunca. Con tu sabiduría ayúdame a tomar las decisiones correctas.

En mi vida no conseguiré mayores éxitos si no uno fuerzas contigo en la oración, valioso instrumento con el que estrecho mi vínculo de amor Contigo.

Gracias por escuchar mis plegarias y llenarme de tu poder para actuar con valentía, permitiendo que pueda realizar mis sueños sin desligarme de Ti.

En mis momentos de dificultad, tu Espíritu viene en mi auxilio, dando a mi corazón sus inspiraciones, haciéndome sentir tu presencia y tu voz interior.

Muchas veces, no me doy cuenta que Tú también rezas por mí ante el Padre, para que, ni el desánimo, preocupaciones y angustias, puedan derrotarme.

Eres mi modelo de perseverancia en la oración. Quiero estar contigo, orando en la intimidad a solas con el Padre y el Espíritu profundizando mi relación.

Enséñame, Señor mío, a distanciarme de los ruidos del mundo, a construir la paz en mi corazón, brindándote mi tiempo y mi compañía en la oración.

Ese momento de abandono a tu presencia, debe ser mi tesoro, pues en él, Tú me iluminas para ir progresando en mi camino hacia la vida eterna. Amén.

Propósito para hoy

Rezar un rosario, preferiblemente en familia, pidiendo la intercesión de María, para prepararnos espiritualmente para recibir el Espíritu Santo en Pentecostés.

Frase de reflexión

“La Confirmación es importante para el cristiano; nos da fuerzas para defender la fe y anunciar el Evangelio con entusiasmo”. Papa Francisco.

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