Adiós madre querida Editorial 

Adiós madre querida

Por Fidel López Eguizábal | Colaborador Editorial

Sobre este papel han caído lágrimas
expulsadas de los más profundo,
de lo más sensible de mi corazón.
Lágrimas acaparadoras de un recuerdo
el cual me ahoga  cada noche
y no dejo de pensar en ello.

Un recuerdo hermoso el de mi madre…
palabras que me las guardé
durante amargos meses.
Es el destino inesperado de la vida.
llevaba media vida de lucha,
de sacrificios y amor
impregnados por mi madre.

Inesperadamente una maldita,
pero maldita enfermedad,
¡Dios me perdone!, pero el cáncer
se la llevó al más allá.

Aún recuerdo las palabras desalentadoras
entonadas por el médico:
“Tu madre está contando los pocos instantes
de respirar la vida terrenal brindada por Dios”.
“Dime Dios qué ha pasado, acaso soy un desafortunado”.

Quizá es el destino, ¿qué pasó?
hoy me siento en otro mundo, lejos,
muy lejos, mi mente gira
como molino llevando
consigo una película titulada
“La muerte de mi madre”.

En el pensamiento estoy junto a ella
un adiós que llevo conmigo,
una despedida que arranca hasta lo más fuerte,
lo más profundo y sensible de mi corazón.
Tiemblo, lloro y éste,
no es un poema viajero, sin sentimientos,
son versos iluminados por la muerte
de mi madre querida.

Ella siempre estará a mi lado
y, aunque yo, un tonto,
la maltraté con querellas hirientes.
Hoy nada más suspiro
pidiendo perdón,
tal como el implorado
a mi madre minutos antes
de su angustiada partida.

Su enfermedad cruel
como un juego de niños la tomé,
creyendo que todo era una broma.
Veía el amanecer…
pensaba y escuchaba voces
en mi interior:

“Tu madre partirá muy pronto… muy pronto”.
Me pregunté: ¿Cuándo despertaré
con ese amargo adiós,
que nunca espero decir
a tan corta edad de mi progenitora”.

Hoy estoy solitario, sin padres,
sin familia y alimentado
únicamente de los consejos
sabios de mi madre.

Cuando llego a mi pueblo
lo primero habitable en mi mente
es la mirada alegre de ella
esperándome como siempre.

El único sentimiento en mi interior
es su presencia diciéndome:“¿Qué tal hijo mío?”.
Ahora mi madre querida
descansa junto a la tumba de mi padre
ambos, esperándome con entusiasmo.

Yo me quedo un poco más,
esperando el último suspiro
tal como el de mi ser querido
llevándolo siempre en mi interior,
el adiós de mi progenitora.

Todavía siento su último palpitar
y aquellas dignas palabras
“Adiós querido hijo,
luche en la vida, yo me voy
con la seguridad que lo dejo
bien cimentado.

Nunca lo abandoné en ningún momento,
usted fue mi reflejo
y sé que logrará mucho”.
Por hoy callo… y medito
por el momento vivido,
dormiré seguro y feliz
y sobre todo con el imborrable
recuerdo de mi madre.

Con las manos juntas
la sentí alejarse
y partió feliz, dejándome
su sinceridad y noble apoyo,
heredando lo que ella
tanto deseó para mí,
amor y comprensión.

Con el Rosario en mano,
ella oró antes de despedirse y expiró.

Adiós  Madre querida…

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