Evangelio del día Martes 24 de Abril Evangelio 

Evangelio del día Martes 24 de Abril

Martes de la cuarta semana de Pascua.

Santos del día: San Fidel de Sigmaringa, Santa María Isabel Hesselblald.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 22-30. 

Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, 
y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. 
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente”. 
Jesús les respondió: “Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, 
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. 
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. 
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. 
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. 
El Padre y yo somos una sola cosa”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco:

Jesús se presenta como el Buen Pastor y dice:

“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos” (v. 27-28).

Estas palabras nos ayudan a comprender que nadie puede llamarse seguidor de Jesús, si no escucha su voz. Y este “escuchar” no debe ser entendido en manera superficial, sino cautivante, al punto de hacer posible un verdadero conocimiento reciproco, del cual puede nacer una serie generosa, expresada en las palabras “y ellas me siguen” (v. 27).

Se trata de una escucha, no sólo del oído, sino de una escucha del corazón

Por lo tanto, la imagen del pastor y de las ovejas indica la estrecha relación que Jesús quiere establecer con cada uno de nosotros.

Él es nuestra guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo, es nuestro Salvador. En efecto, la frase siguiente del pasaje evangélico afirma:

“Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos” (v. 28).

¿Quién puede hablar así? Solamente Jesús, porque la mano de Jesús es una sola cosa con la mano del Padre y el Padre es superior a todos.

Estas palabras nos comunican un sentido de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra vida es plenamente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, revelados para siempre en el sacrificio de la cruz.

Para salvar las ovejas perdidas que somos todos nosotros, el Pastor se hizo cordero y se dejó inmolar para tomar sobre él y sacar el pecado del mundo. ¡En este modo Él nos ha donado la vida, pero la vida en abundancia!

Este misterio se renueva, en una humildad siempre sorprendente, en la Eucaristía. Es allí que las ovejas se reúnen para alimentarse, es allí que se vuelven una sola cosa, entre ellas y con el Buen Pastor… (Reflexión antes del rezo del Regina Coeli, 17 de abril de 2016)

Oración de sanación

Mi Señor, sentir que vives en mi corazón es lo más grande posesión que puede tener. Gracias por ese amor sanador con que se recuperó mi paz.

Aleja de mí toda calumnia y ensañamiento de los que no quieren que sea feliz a tu lado y buscan hacerme daño e intentan separarme de tu gracia.

Quiero seguir solo tu voz, esa voz que consuela e inspira a hacer las cosas bien, no esa voz confusa del mundo que deja huellas de dolor y frustración.

Tú eres mi Pastor, quien nunca me deja solo. Solo Tú me das las fuerzas necesarias en mis flaquezas para seguir renovándome en la fe y el amor.

Tu amor me guía y me llena de valor. Como Buen Pastor atiendes mis ruegos y me cuidas, alejando de mí todo sentimiento de miedo e inseguridad.

Ven Señor, no tardes quiero realizar con éxito todo lo que me he propuesto. Acompáñame en mis decisiones y no permitas que caiga en el desespero.

Sé que tu amor me sostiene y dispone mi corazón para recibir tu bendición y comenzar con optimismo todas las situaciones que hoy me toca vivir.

Mi vida está en tus manos, todo te lo entrego. Tú lo eres todo para mí. Eres mi guía, mi fortaleza, el mar de felicidad en el que nunca me pierdo. Amén.

Propósito para hoy

Encomendaré hoy a Dios a todas aquellas personas que trabajan en el cuidado de los enfermos en hospitales, centros asistenciales y en las misiones.

Frase de reflexión

“A veces estamos tristes a causa de nuestros pecados. No nos desanimemos: Cristo ha venido a liberarnos. Él es nuestra paz”. Papa Francisco.

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