¿Quién me librará de esta contradicción? Editorial 

¿Quién me librará de esta contradicción?

 

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

“No comprendo lo que me pasa,
no hago lo que quiero.
No comprendo lo que me pasa,
sólo hago aquello, que detesto”.

 

¿Alguna vez te has sentido así? Porque cuando yo escuché las palabras de esta canción ¡me identifiqué completamente! y me atrevería a asegurar que también tú. Y es que reflejan nuestra lucha interna que impregna cada rincón de nuestras vidas. ¿Cuántas veces te has reconciliado con el Señor en el sacramento del Perdón y has vuelto a caer? ¿Cuánto hemos asegurado eliminar ese defecto predominante y, después de unos días, vuelve todo a la normalidad? Precisamente, la letra de esta canción de la Hermana Glenda titulada “No comprendo lo que me pasa”, describe a la perfección nuestra humanidad herida por el pecado.

Por cierto, la canción está basada en la carta de San Pablo a los Romanos, capítulo 7, versículos del 19 al 25. Seguramente lo has leído. ¡Es bellísimo y vaya que cierto también! En lo personal lo considero la descripción perfecta de aquello que siento cuando, tal como una fuerza, experimentara que me inclino hacia la vanidad, el egoísmo y el orgullo por nombrar algunos, en lugar de parecerme más a Cristo manso y humilde.

 

Bien, sigamos con la letra de melodía que dice así:
“¿Quién me librará de esta contradicción,
 que me lleva a la muerte?
¿Quién me librará de mí?
¿Quién me librará de esta condición,
 que me lleva a la muerte?”

¡Qué desesperación se vive cuando no somos libres! Ante dichos cuestionamientos, reflexiono sobre todas aquellas ocasiones en que, impacientes, buscamos la respuesta en quien sea y en donde sea; la mayoría de las veces lugares y personas equivocadas. Algunos caen en lo que parece ser “inmediato” tal como las cartas, la astrología, adivinos, brujos, etc. Otros, en adicciones y excesos creyendo que así olvidarán esta batalla que inquieta su alma. Pero nada funciona.  

Entonces después de rendirnos, y siendo honestos con nosotros mismos, dejamos nuestras heridas al descubierto y reconocemos que algo pasa en nuestro interior; que lo bueno que deseamos hacer no nos es posible llevarlo a cabo con tanta facilidad como quisiéramos, viene la gran pregunta, el grito de auxilio: ¿Quién me librará de esta contradicción que me lleva a la muerte? ¿Quién me librará de mí? ¿Quién me librará de esta condición que me lleva a la muerte? Detengámonos un poco en estos tres causantes (subrayados), pues pueden ayudarnos a comprender mejor nuestra lucha. 

 

  1. La primera habla de una contradicción: son todas aquellas obras buenas y provechosas que deseamos hacer, sin embargo, mezcladas en el veneno del mal que el pecado procura, parecen mancharse y desvanecerse. En nuestro interior llevamos el bien, pues es Cristo en nosotros, pero también la llaga del pecado que quiere dejar su huella en lo bueno que logramos realizar. ¡Qué dura es esta lucha! ¿cierto?
  2. La segunda menciona librarme de mí mismo: seguramente has sentido que tú puedes solo, que no necesitas de nadie más, pero ¿No has tenido alguna vez esas batallas en tu interior sobre quién eres y quién quisieras ser? Muchas veces la realidad no se acerca ni un poco a nuestro ideal. ¡Ni yo me entiendo a mí mismo! ¡No sé lo que quiero! ¿Te suena familiar? Después de todo, la interrogante en el presente punto es un pedido de auxilio para que yo pueda tener por ejemplo a Jesús, pues reconozco que yo no puedo solo.
  3. El tercer cuestionamiento dice “de esta condición que me lleva a la muerte”: lo anterior hace referencia al estado de nuestra naturaleza caída que nos impide profundizar en el bien que podríamos hacer siempre y en todo lugar. ¡Claro que es posible ser más buenos que malos! Pero eso requiere bastante voluntad, convicción y proximidad a Dios. Y… eso en ocasiones nos cuesta muchísimo. Y finalmente concluye diciendo “que me lleva a la muerte”, lo cual hace referencia a lo que San Pablo les revela a los Romanos: “el pecado paga un salario y es la muerte” (Rom 6, 23).

 

Entonces, la GRAN pregunta es ¿Quién? No obstante, antes de presentar la solución a nuestro dilema, la canción prosigue manifestando esa batalla que nos confunde y nos empuja a reconocer lo que se libra en nuestro interior con mayor claridad:  

“Y cuando deseo hacer el bien,
El mal me sale y vence.
Experimento otra fuerza que habita en mí,
Y me hace prisionero.
Y si no hago lo que quiero dime
¿quién soy yo?
Y si no hago lo que quiero,
dime qué hay en mí ¡que yo no lo quiero!”

Aquí imagina lo siguiente: Jesús se hace presente y te pide que le expliques lo que sucede en lo más profundo de ti, con sinceridad. Dime, ¿qué te pasa amado mío? Y esperando en el silencio, comienzas a exponerle que existe una fuerza que te inclina lejos de Él, y por tanto te cuestionas ¿quién soy yo si no hago lo que quiero hacer? ¿en quién me convierto si mis acciones no son coherentes con mi corazón? ¡Yo no quiero esto Señor! ¡Líbrame de esta mancha, de este veneno que me debilita la voluntad! Por lo que Él, siendo Dios, te muestra su gran Misericordia invitándote a no rendirte. Te responde con una gran sonrisa diciendo: “ ‘Sé santo, como tu Padre celestial es santo’ (Mt 5, 48). Pues un santo es solamente un pecador que persevera hasta el final. Recuerda que ‘el que se mantenga firme hasta el final, ése se salvará’” (Mt 24, 13).

Entonces, lleno de alegría y renovado en tu fe, preparado para esta lucha continua, exclamas con la melodía que culmina diciendo:

“¡Gracias sean dadas al Señor Jesús,
que me libró de esta contradicción que hay en mí!

¡Gracias sean dadas al Señor Jesús,
porque me libró de esta contradicción que hay en mí!”

Así es. Jesucristo es nuestro Salvador, quien nos libra de las garras del pecado, elevándonos hacia Él con su gracia. ¡Ya hay una respuesta a nuestro dolor! Y aunque esta canción se repita en tu diario andar, emergiendo con la pregunta ¿Quién me librará? Ojalá concluyas siempre como ésta lo hace: ¡Gracias sean dadas al Señor Jesús, porque me libró de esta contradicción que hay en mí!”

 

EXTRAS

TEXTO AL QUE HACE REFERENCIA LA CANCIÓN:

Carta de San Pablo a los Romanos. Capítulo 7, versículos 19-25:

“No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto. Ahora bien, si hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena. No soy yo quien obra el mal, sino el pecado que habita en mí. Bien sé que el bien no habita en mí, quiero decir, en mi carne. Puedo querer hacer el bien, pero hacerlo, no. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí. Ahí me encuentro con una ley: cuando quiero hacer el bien, el mal se me adelanta.

 En mí el hombre interior se siente muy de acuerdo con la Ley de Dios, pero advierto en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi espíritu, y paso a ser esclavo de esa ley del pecado que está en mis miembros. ¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, o de esta muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En resumen: por mi conciencia me someto a la Ley de Dios, mientras que por la carne sirvo a la ley del pecado”.

LINK A LA CANCIÓN: https://www.youtube.com/watch?v=W_b1BtvBiXM

Related posts

Leave a Comment