¡Nuestra verdadera lucha es contra el Mal! Editorial 

¡Nuestra verdadera lucha es contra el Mal!

 

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

Muchos tenemos acceso a la televisión y al internet casi a lo largo del día. Precisamente, hace ya algún tiempo me metí a Netflix (empresa que propone contenido tales como películas, documentales y series) para ver qué documental nuevo había salido. ¡Y vaya lo que me encontré sin quererlo! En la primera plana, un título sorprendente: Lucifer. ¡Era una serie! Salió en el 2016, e indicaba que el 97% de su público la consideraba interesante y buena. Yo me quedé con la boca abierta. ¿A caso existe algo más evidente que esto? Por unos instantes reflexionaba: ¿por qué hay gente que piensa siquiera hacer una serie de este tema? Sin embargo me invadía otro cuestionamiento: ¿seguiría la serie al aire si no tuviera éxito? En realidad, la conclusión era clarísima: hay un fuerte interés en el mundo actual hacia lo oscuro… hacia el Mal.

Aunque pueda parecernos como novedoso, en realidad Dios ya nos advierte de ello en su Palabra. Por ejemplo, en el libro del Deuteronomio encontramos lo siguiente:

“… que nadie practique encantamientos o consulte a los astros; que no haya brujos ni hechiceros; que no se halle a nadie que se dedique a supersticiones o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos. Porque Yavé aborrece a los que se dedican a todo esto, y los expulsa delante de ti a causa de estas abominaciones. Tú, en cambio, te portarás bien en todo con Yavé, tu Dios” (Dt 18, 10-13).

Recuerdo que hace algunas semanas, escuchaba al sacerdote exorcista el P. Ernesto María Caro por el canal de Youtube dar su Homilía tocando este tema. En realidad, numerosas veces habla del Mal y de cómo defendernos de éste. Y con ello puntualizaba: “les hablo de esto porque es importante que sepan que el demonio existe aunque en el mundo les hagan creer lo contrario”. Pero hoy ¿cuántos ya no están ‘tan seguros’ o lo confunden con un amigo imaginario inventado por la Iglesia para conseguir sus fines? Como seguramente ya has escuchado por ahí, y es cierto, la mejor victoria que ha obtenido es convencernos de que no existe.

Si observamos detenidamente, en la actualidad muy poco se habla de nuestro enemigo espiritual: el demonio. Y precisamente he considerado dedicar el presente escrito a dicho tema, ya que quien desconoce a su adversario ¡jamás podrá vencerlo adecuadamente! Además, quisiera destacar que esta idea la he recogido de tantas vidas de santos de la Iglesia que lo comentan desde una experiencia personal; tales como San Benito, San Antonio Abad, San Padre Pío y Santa Teresa de Ávila por ejemplo. ¡Qué decir de los propios exorcistas! Quienes se enfrentan a los espíritus malignos que atormentan a las almas alegando desde la boca del poseso “¡es mía!” Por supuesto, lo que quieren es hacer creer que por su mala vida le pertenecen al Mal, sin embargo, todo fue creado por Dios y con su Infinita Misericordia, al enmendarse, nada está perdido.

¡Qué combate espiritual hemos de luchar en esta vida! Expone San Juan de la Cruz en su libro Cautelas, Avisos y Sentencias que de los 3 enemigos del hombre que son el demonio, el mundo y la carne (como se lee en Mt 13,18-23; Ef 2,1-3), el más peligroso es sin duda el demonio, ya siendo peligrosos los otros dos. Este santo afirma que “sus tentaciones y astucias son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne” (Cautelas 3,9). Por eso añade que “el demonio ataca a los buenos, y tienta a lo bueno, pues entre las muchas astucias que el demonio usa para engañar a los espirituales, la más ordinaria es engañarlos bajo especie de bien, y no bajo especie de mal, porque sabe que el mal conocido apenas lo tomarán” (Cautelas 10). Pues reflexionemos que más fácil es caer envenenado por un fruto que tenía buen aspecto ¡que uno podrido y maloliente!

Pero ¡no olvidemos que Dios tiene poder! Y vaya que es un poder que los demonios temen escabulléndose como gusanos ante el pie que los aplastará. Recordemos por ejemplo Mateo 8, 16: “Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra…”. Agregando un ejemplo más consideremos el de Lucas capítulo 4:

“Se hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: ‘¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de Dios’. Jesús amenazó al demonio, ordenándole: ‘Cállate y sal de ese hombre’. El demonio lo arrojó al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno. La gente quedó aterrada y se decían unos a otros: ‘¿Qué significa esto? ¿Con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!’” (Lucas 4 , 33-36).

Ciertamente no todo el Mal radica en la posesión. Sin embargo, abrirle las puertas es muy sencillo. Como decía el exorcista P. Caro: “el demonio trabaja las 25 horas del día”, es decir, nunca descansa. Solamente falta que dejemos esa ventana o esa puerta abierta por un descuido, o voluntariamente, para que ingresen sin el menor problema. Pero ¡qué difícil es hacer que se vayan sino es estando cerca de Dios y de nuestra Madre María! Por ello siempre se insiste en llevar una vida en la gracia.

Quiero compartirte un testimonio que me impactó -y me confirmó- el poder de los sacramentos. Aquí una breve parte (si quieres leerlo completo abajo dejo el link). El contexto es el siguiente: Wilson López, hoy ex – satanista, desde los 17 años formaba parte de una secta satánica en que ocupaba un alto cargo. Pero un día:

“Llegó una muchacha nueva a mi barrio y tanto me fasciné con ella que quise hechizarla. Probé con todos los rituales que sabía, pero a ella no le entraba nada. Fue tanta mi obsesión que le pedí ayuda al obispo negro para que ella se enamorara de mí.

“Me recomendó que actuara como un ‘chico bueno’ y empecé a acompañarla en las cosas que a ella le gustaban. ¡Y ahí se produjo todo! Ella rezaba el Rosario por las mañanas y las tardes, además de ir a Misa todos los días ¡No sabía en lo que me estaba metiendo! Nos fuimos conociendo y un día me pidió acompañarla a la iglesia y me arrodillara en frente del Santísimo. Para pasar desapercibido la seguí en todo y al entrar al lugar sagrado recuerdo que ella se arrodilló ante el Santísimo (que estaba expuesto para Adoración). Ella me miró invitándome a arrodillarme, pero al hacerlo sentí en mi cuerpo como agujas traspasando todos los poros de mi piel. Era tanto lo incómodo que me sentía cada vez que debía acompañarla a esto, que a veces la esperaba afuera del templo”.

La parte que más me impresionó es aquella en que, la muchacha en cuestión -sin saberlo- se enfrentaba a un chico satanista enamorado, que por todos los medios, intentaba que se fijara en él. Pero cuando leí los detalles me percaté de algo: ella rezaba el Rosario e iba a Misa ¡diaria! ¿Qué mejor protección que una vida en gracia constante? Además, visitaba al Santísimo. Como puedes adivinarlo: Wilson se convirtió gracias a esta chica que lo impregnó de las cosas de Dios. Pero su batalla espiritual ¡fue muy dura! Wilson comenta que:

“Presa de permanentes conflictos interiores incluso escuchaba voces que le decían: ‘¡Mátate!, ¡Te vamos a matar!, ¡Sacrifícate!’. Desesperado y temeroso de revelar en la secta lo que sucedía, recurrí a un sacerdote por medio del cual viví una experiencia liberadora. Con el padre empezó esa batalla campal que duró tiempo. De mí, salieron tres demonios de la primera potestad de Satanás, muy grandes”.

¡Imagina eso! Me hace pensar en una frase que escuché que decía: “no podemos entender el Mal en el mundo desde el hombre solamente, sino hay que considerar al enemigo espiritual”. Me pareció bastante cierto.

Por ello, reconozcamos que el Maligno existe y que actúa en el mundo para nuestra perdición. ¡No le facilites la victoria al considerar que no tienes contrincante! Como dice la segunda carta a Timoteo: “Ningún atleta recibe la medalla de campeón si no ha competido según el reglamento” (2 Tim 2, 5). Meditemos que la medalla es la vida eterna y el reglamento es la Palabra de Dios.

Finalizo con una frase de uno de mis santos preferidos, en Santo Padre Pío que indica: “El tiempo transcurrido en glorificar a Dios y cuidar de la salud del alma, no será nunca tiempo perdido”. Que de ahora en adelante pongamos especial atención en proteger nuestra alma de un adversario tan feroz, que no descansará hasta verte entre sus garras.

Aférrate a Cristo, a la Virgen María y a los sacramentos. No estarás exento de la tentación ni de caer en el pecado, pero perseverando ¡sí que tendrás los pies en la puerta del cielo!

 

 

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