Domingo de Resurrección, ¡Cristo ha resucitado! Noticias 

Domingo de Resurrección, ¡Cristo ha resucitado!

San Pedro, en la primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos anunciaba el mensaje fundamental de nuestra fe: la resurrección de Cristo. La que, después de haber sido anunciada y comunicada en la predicación primitiva, a nosotros y nosotras nos ha llegado también por medio de la predicación y el testimonio de la Iglesia: Jesucristo, el Crucificado está vivo y por eso nuestra vida tiene sentido y nuestra fe también. Esto es lo que venimos a celebrar y proclamar en este bello día de Pascua.

San Pablo nos habla de buscar las cosas de arriba, de dejar lo terreno, nuestro afán de vivir apegados al mundo y a las cosas materiales, a dejar nuestros egoísmos, nos invita a barrer la levadura vieja, imagen muy pascual por cierto, para ser panes ázimos, es decir, vivir una vida sincera y sin maldad, encausada en la verdad, para hacer posible la Pascua de Cristo entre nosotros. En fin, viviendo una vida nueva, como anticipo de la resurrección que nos espera, después de la muerte, pero que, en germen, se nos ha anticipado con Cristo.

San Juan cuenta en su relato de la Pascua, que los discípulos de Jesús, en especial, Pedro y el discípulo amado, los que ven la tumba vacía de Jesús, las vendas y el sudario, como pruebas de su resurrección. De la fe de los discípulos, nace la fe de la Iglesia en Jesucristo resucitado, de que también se arraiga en el testimonio de las Escrituras.

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Para los primeros cristianos decir: “Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos” era algo tan natural como respirar. No necesitaban ni largos sermones ni explicaciones complicadas. Y saludarse con un “Cristo ha resucitado” era tan apropiado como nuestro rutinario “buenos días”. Porque fue el primer grito de fe, de vida nueva, y victoria definitiva.

La victoria de la Resurrección de Jesús nos concierne también a nosotros. Estamos llamados a compartir y experimentar la Resurrección de Cristo. Dejemos de “buscar al que vive entre los muertos”; dejemos de resistirnos a salir de nuestras tumbas. La piedra y las piedras de todas las tumbas han sido removidas y quitadas y somos invitados a vivir la novedad de la vida nueva, resucitada. 

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Porque los cristianos de hoy nos identificamos más con el Viernes Santo. La Pasión, el sufrimiento, la sangre, la guerra, las víctimas, todos somos víctimas o nos identificamos con las víctimas… La muerte es glorificada y las pantallas de televisión o los medios de comunicación se llenan de tragedia. Somos el pueblo del Viernes Santo y de los funerales abarrotados.

¿Y el Día de Pascua? ¿Y el domingo, día pascual? Tan acostumbrados estamos a la seriedad de los funerales que no sabemos qué hacer con la fuerza nueva; tan acostumbrados estamos a vivir como víctimas que nunca nos sentimos liberados; tan pesadas las lápidas que pensamos que ni Dios las podrá remover. El día de Pascua es el día de dar la espalda a todos los camposantos del mundo para abrazar gozosamente a los hermanos, la esperanza y la vida.

Hoy, Día de Pascua, sí sabemos que Cristo ha resucitado, que Cristo vive, y que todo y todos tendremos un “final feliz” en su gloria. Amén.

Laus Deo
Alabado sea Dios.

 

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