Tres miradas para Jueves Santo Vida 

Tres miradas para Jueves Santo

Había llegado la hora. Todo va a empezar a suceder y a acontecer de manera vertiginosa y Jesús, que lleva días entre Betania y Jerusalén, sabe que es momento de dejar a los que más quiere… lo más importante.

Hay tres momentos, tres miradas de Pedro, que me ayudan a vivir HOY este Jueves Santo, de cena, fraternidad, servicio, pan y vino. Con Pedro he encontrado un camino con el que no edulcorar, aunque sea un poco, eso de amarse unos a otros, que para algunos puede ser hasta un rollo hippie muy de moda e ideal para un mundo happy y empty que nos ha tocado vivir.

La primera es una MIRADA DE ESTUPOR. Así me imagino yo la mirada de Pedro cuando Jesús, el Maestro, el Señor, cogió aquella toalla, se la ciñó a la cintura y se puso a lavarles los pies, uno a uno. Eso no es un gesto. Eso no es ni siquiera, sencillamente, humildad. Eso va a ser el acto con el que Jesús da plenitud a su Encarnación. Él vino al mundo, Dios envió a su Hijo, para ser esclavo del hombre, para abajarse, anonadarse, hacerse nada. Ese no es el Jesús al que seguía Pedro ni al que quería seguir. Su reacción es inmediata: de ninguna manera él va a dejarse lavar los pies por Jesús. La respuesta de Jesús es, para Pedro y para cada uno de nosotros, definitiva: sin esto, no puedes ser uno de los míos. Si no aceptas a este Mesías humillado, doliente, abajado, esclavo del prójimo… no aceptas el plan de amor de Dios y no pude seguir a mi lado. Pedro lo acepta aunque, posiblemente, no es capaz de entender bien lo que eso significa. Jesús nos explica luego el sentido: lo que habéis visto, hacedlo también vosotros. No hay desigualdades, nadie es más que otros. Debemos ser esclavos. Bufff … También detecto cierto estupor en mí. ¿Acepto esto? ¿Estoy dispuesto a ser uno de los suyos?

La segunda es una MIRADA DE SUFICIENCIA de un Pedro que, levantando la espada, intenta salvar a su Señor en Getsemaní de las manos de aquellos que vienen a prenderle. La pasión de Pedro, su querer al Señor a su manera, con sus medios… no le permiten ver que la hora ha llegado y que Jesús ya ha jugado su ficha, aceptando la voluntad del Padre. ¡Qué contraste el de la serena calma de Jesús, que ya ha aceptado la consumación de su misión, y la de la airada respuesta de un Pedro que sigue pensando que él va a salvar al Maestro! Pedro no siguió las indicaciones de Jesús y no veló ni oró a su lado. Pedro se quedó dormido en la hora más importante de todos los tiempos. ¿Cómo vamos a defender al Señor si en lugar de usar sus armas, usamos las nuestras? Pedro se separa de Jesús. Lo ama mucho pero su amor no entiende ni acepta.

La tercera es una MIRADA COLMADA DE MISERICORDIA. Es la mirada de un Pedro que pasa por la prueba más dura de su vida, cuestionando y preguntándose si es ese Jesús al que él ama, al que él quiere seguir… Pedro se desploma tras la negación, tras ser consciente de su pobreza, de su traición, de su miseria… Quien sigue a Jesús de lejos… no puede dar la cara por Él en la hora fijada. Y ahí, cuando toma conciencia de toda su mierda, con perdón, cuando hubiera preferido bajar la cabeza y morir, ahí, se encuentra con la mirada triste y misericordiosa de un Jesús que lo redime y lo ama. Es esa mirada la que va a permitir a Pedro salir corriendo hacia el sepulcro, la mañana de resurrección, y la que le va a permitir ser el primer evangelizador. Pedro, que había intentando todo el rato salvar a Jesús, no se había percatado hasta ese instante que era él el que debía ser salvado por el Maestro.

Tres miradas para este Jueves Santo. Es la hora.

Un abrazo fraterno – @scasanovam
Santi Casanova

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