Evangelio del día Domingo 11 de Marzo Evangelio 

Evangelio del día Domingo 11 de Marzo

 

 

Domingo de la cuarta semana de Cuaresma.

Santo del día: San Eulogio de Córdoba, San Sofronio de Jerusalén.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 3, 14-21. 

Dijo Jesús: 
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, 
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. 
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» 
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús afirma explícitamente lo siguiente:

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por medio de él. El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito Hijo de Dios ” (Jn 3,17-18)

Esto significa que aquel juicio final ya está en marcha, que empieza ahora en el curso de nuestra existencia.

Este juicio se pronuncia en cada momento de la vida, como reflejo de nuestra aceptación con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o con nuestra incredulidad, con el consiguiente cierre en nosotros mismos. Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos los que nos condenamos.

La salvación está en abrirse a Jesús, y Él nos salva; si somos pecadores (y todos lo somos) le pedimos perdón y si vamos a Él con el deseo de ser buenos, el Señor nos perdona. Pero para ello hay que abrirse al amor de Jesús, que es más fuerte que todas las otras cosas.

El amor de Jesús es grande, el amor de Jesús es misericordioso, el amor de Jesús perdona, pero tienes que abrirte y abrirse significa arrepentirse, acusarnos de cosas que no son buenas y que hicimos.

El Señor Jesús nos ha dado y sigue entregándose a nosotros, para colmarnos de toda misericordia y gracia del Padre. Somos nosotros, pues, los que podemos llegar a ser, en cierto sentido, los jueces de nosotros mismos, auto condenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos.

No nos cansemos, por lo tanto, de velar por nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para gustar ya ahora con anticipo la calidez y la belleza del rostro de Dios, y esto va a ser hermoso, lo contemplaremos en la vida eterna en toda su plenitud.

Adelante, piensen en este juicio que ya comenzó ahora. Adelante, asegurándose de que nuestro corazón se abra a Jesús y a su salvación; adelante sin miedo, porque el amor de Jesús es más grande y si pedimos perdón por nuestros pecados, Él nos perdona.

¡Es así Jesús! ¡Adelante, pues, con esta certeza, que Él nos llevará a la gloria de los cielos !. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 27 de octubre de 2013)

Oración de sanación

Señor mío, si yo creo verdaderamente en Ti, mi vida debe girar en torno a tu Palabra, estar cargado de fe, de amor, de esperanzas alegres y no marchitas.

Entendiendo tu sacrificio de amor manifestado en la cruz, seré capaz de comprender todo tu poder sanador y la grandeza de tus promesas.

Te pido que abras mis ojos a tu luz, mis oídos a tu Palabra, mis brazos a la caridad y mi boca para alabarte siempre. No quiero jamás apartarme de Ti.

Cuando veo tu grandeza, solo veo mi pequeñez, pero también veo el inmenso fuego con el que me quemas por dentro y pones a funcionar mi corazón.

Hoy muchos te dan la espalda, prefieren las tinieblas a la luz, muchos te rechazan y te condenan, pero Tú nos sigues amando, nos sigues esperando.

Dame sabiduría para dar solo buenos consejos con palabras de esperanza y consuelo. Que los demás puedan ser irradiados con tu luz a través de mí.

Acepto tu invitación a seguirte. Dame fuerzas para luchar y dejar de lado las distracciones del mundo y volver la mirada hacia tu amor que todo lo completa.

Te entrego todo de mí. Confío en tu amor que me guía. Que la fuerza de tu voz resuene en mis adentros y nunca pierda la luz de tu estrella. Amén

Propósito para hoy

Hoy comulgaré con entera devoción y ofreceré la Comunión de Rodillas por el Santo Padre y todos los Sacerdotes de la Iglesia.

Frase de reflexión

“El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, nos recuerda que solo Dios sacia nuestra hambre”. Papa Francisco.

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