El votar libremente: ¡de hecho, es tu derecho! Editorial 

El votar libremente: ¡de hecho, es tu derecho!


Por Sherman Calvo | Director.

Cada individuo ejerce una influencia en la sociedad. En nuestra tierra, aún favorecida, cada votante tiene algo de voz para determinar qué leyes deberían controlar la nación. ¿No debería esa influencia y ese voto ser depositado en las urnas a favor de tales cosas, como el derecho a la vida desde su concepción, la libertad religiosa, asuntos morales, virtud, libertad de expresión, justicia y honestidad? En otras palabras, esos factores o asuntos que tenderán a mejorar la vida en sociedad. ¿Por qué no votar por sus convicciones? Seguramente no hay nada malo en esto. ¡De hecho, es tu derecho!

Un artículo de Bibleinfo dice que “aunque los cristianos puedan votar, deberían ser muy selectivos en sus votos. Ellos comparten la responsabilidad por las decisiones que su candidato electo pueda hacer, ya sean buenas o malas”. Reconocer esto casi hace imperativo no votar sin pensar bien primero y fuera de un sentido de lealtad partidaria por “la papeleta correcta.” Votarán por  “los mejores candidatos”, no solo por partidos políticos.

Muy a menudo los políticos han usado métodos cuestionables populistas y de clientelismo para alcanzar fines deseados. Preferencia política y objetivos egoístas son buscados por sobre el bien de la nación. Políticas egoístas rigen en lugar de principios de rectitud. Con todo esto el cristiano puede no tener simpatía por la clase política, por eso piensa que no debería  dar su apoyo a ningún partido político o candidato para el logro de objetivos perversos. Hacer tal cosa sería comprometer la verdad, convivir con lo incorrecto, y ser una parte para todas las maldades que sucederían siguiendo tal proceder.

El problema más grande que enfrentan los cristianos al votar es que, incluso si votan inteligentemente y conscientemente, pueden cometer un error. Pero esto aplica en todas las áreas de la vida. ¿Deberían los cristianos nunca actuar a menos que estén absolutamente seguros de que están en lo correcto? Si así fuera, ambos, el gobierno y la Iglesia quedarían paralizados, porque nadie es infalible.

EWTN publicó una guía para los electores que me parece muy acertada, basada en tres principios. Principio I: Informe su conciencia. Escuchar nuestra conciencia es necesario para tomar cualquier decisión moral. Ser fiel a su conciencia nos une con el resto de la humanidad en la búsqueda de la verdad, y la conciencia debe desarrollarse a través de la oración, la reflexión y el diálogo con otros. Debemos compartir las verdades, y permitirle a cada quien el actuar prudentemente y de acuerdo a la ley escrita en  nuestros corazones.

Principio II: Sea prudente. Mientras que una conciencia informada es esencial para distinguir el bien del mal, el realmente hacer lo correcto requiere de la virtud de la prudencia. Prudencia es la sabiduría moral que se necesita para aplicar nuestros principios en un mundo imperfecto y en circunstancias imprevistas. Es como un “sentido común moral” y requiere que nos hagamos la pregunta práctica: ¿Qué candidato realmente cumplirá con un progreso más tangible para el bien común?

Principio III: El voto por el bien común. Como católicos activos políticamente, nuestra responsabilidad principal es por el bien común. Una cultura por el bien común ofrece salud, bienestar y dignidad para todas las personas y promueve el bien de todos, no sólo el de unos cuantos. También se concentra en ayudar a los que lo necesitan más: el pobre y el vulnerable. El bien común no es lo mismo que la caridad. Como San Agustín nos enseña: “la caridad no es substituto de la justicia cumplida”.

En las próximas elecciones del 4 de marzo, todos deberíamos acudir a las urnas. Al votar como en cada otra actividad, el cristiano debe buscar la sabiduría divina, y luego hacer lo mejor de su parte. El derecho de votar libremente: ¡De hecho, es tu derecho!

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