En el 2018 mantengamos el entendimiento siempre en lo Divino, en el Ser Editorial 

En el 2018 mantengamos el entendimiento siempre en lo Divino, en el Ser

 

Por Sherman Calvo | Director Laus Deo.

 

Recibimos con alborozo el advenimiento de un nuevo año. Despedimos con preocupación el 2017 pensando tal vez que el próximo año será mucho mejor. Es parte del inconsciente colectivo que renace cada 31 de diciembre entre todos los habitantes del mundo.

A principios de este año que estamos finalizando, arrancamos, como de costumbre, con mucha esperanza en el futuro. Esperanza que, más temprano que tarde, se fue consumiendo ante tanta adversidad, una esperanza que poco a poco fue siendo amputada de nuestro ser debido a tanta injusticia e incertidumbre en el camino.

Sin embargo, más que desanimarnos para el año nuevo, debemos ser como una vela, signo de la luz que disipa las tinieblas que nos oscurecen la vida. La vela es un símbolo de Dios, el dador de vida y la luz del mundo. La vela es un símbolo de ofrenda espiritual. Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas”. – Juan 12:46. “Vosotros sois la luz del mundo… No se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa”. – Mateo 5:14-16.

El próximo año tendremos obligación de brillar, tomaremos muchas decisiones que incidirán en nuestras vidas y la de los demás; pidamos a Dios nos siga iluminando el camino en la vida. Oremos juntos al final del año: “Gracias, Señor, por todo cuanto me diste en el año que termina. Gracias por los días de sol y los nublados tristes, por las tardes tranquilas y las noches oscuras. Gracias por lo que nos prestaste y luego nos pediste. Gracias Señor por la sonrisa amable y por la mano amiga, por el amor y todo lo hermoso, por la vida desde la concepción y de las personas buenas. Gracias por la soledad y por el trabajo, por las inquietudes y las dificultades, por las lágrimas, por todo lo que nos acercó a ti. Gracias por habernos conservado la vida, por habernos dado techo, abrigo y sustento”.

¿Qué nos traerá el año que comienza? Lo que quieras, Señor, pero te pedimos: FE para mirarte en todo. ESPERANZA para no desfallecer. CARIDAD para amarte cada vez más y hacerte amar por los que nos rodean. Danos paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad. Danos, Señor, lo que Tú sabes que nos conviene y no sabemos pedir. Que nos hallemos siempre dispuestos a hacer tu voluntad. Derrama Señor tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero. Así sea. Señor, bendice cada corazón para que sean templos vivos del Espíritu Santo; que sepan dar calor y refugio; que sean generosos en perdonar, alegres en compartir, prontos en comprender, y compasivos. Bendice, Señor, nuestros pies para que busquen la paz y corran tras ella. Que construyan caminos para anunciarte, y que eviten los senderos tortuosos que desembocan en la ostentación y la injusticia. Que reconozcan tus pisadas en el caminar de los humildes y respeten las huellas de todo caminante. Bendícenos, Dios, para que puedas disponer de nosotros con todo lo que somos, con todo lo que tenemos. Con todo lo que de Ti hemos recibido. Bendícenos, Señor, para todo el año que iniciamos. Amén.

Lo importante, amigo lector, es cumplir con el deber mundano, pero sin apego ni deseo a sus frutos. Mantengamos el entendimiento siempre en lo Divino, en el Ser, y hagámoslo en forma tan automática como respiramos o como late nuestro corazón. Ésta es la manera de alcanzar la finalidad suprema, que es moldearnos en Dios. La Biblia dice que Dios es el Alfarero y nosotros somos el barro. Cuando estamos abiertos a la voluntad de Dios en nuestras vidas, Él nos moldea, transforma, y santifica si andamos con Él.

¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

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