Evangelio del día Martes 05 de Diciembre Evangelio 

Evangelio del día Martes 05 de Diciembre

 

Martes de la primera semana de Adviento.

Santos del día: Beato Nicolás Stensen, San Felipe Rinaldi.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10, 21-24. 

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: 
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. 
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. 
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! 
¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo, dirigiéndose al Padre y glorificándolo. Este momento de profunda alegría brota del amor profundo de Jesús en cuanto Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños.

Dios ha escondido y ha revelado, y en esta oración de alabanza se destaca sobre todo el revelar.

¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.

Dios ha escondido todo a aquellos que están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo ya todo. Están cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios.

Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús, que Él mismo amonestó en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros.

En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”.

[…] “Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”. Las palabras de Jesús deben entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres.

[…] Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y por tanto su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvación que se realiza, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros, y por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.

El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, Jesús nos invita:

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Mensaje del Papa la Jornada Mundial de las Misiones 2014)

Oración de Sanación

Señor, Tú has llenado mi corazón de esperanza desde aquel día que me comprometí a servirte y a dar la batalla por ganarme un espacio en tu Reino.

Gracias por todos los dones que me has entregado, y por todo aquello que has sembrado en mi vida que me ha permitido alcanzar la felicidad.

Gracias por tu amor, por regalarme tu presencia y por estar a mi lado haciéndome sentir amado y afortunado de contar con tu poder y tu gracia.

Quiero vivir con confiado y agradecido, y para ello recurro al poder del Espíritu Santo para no apartarme de tu camino cuando me quedo sin fuerzas.

Líbrame de la soberbia y el orgullo, enemigos mortíferos del alma. Aparta de mi mente todo pensamiento de desánimo que me haga sentir derrotado.

Quiero darte lo mejor de mí en cada situación de vida, en cada palabra y gesto. Quítame toda sensación de angustia y dolor, de miedo e inseguridad.

Estoy en tus manos, Tú me proteges, confío en tu amor y en que tus santos ángeles me muestran el camino a seguir con sabiduría y serenidad.

Gracias por amarme y por acompañarme todos los días manifestándome lo valioso que soy para Ti. Te amo y confío en tu providencia santa. Amén

Propósito para hoy

Compraré o prepararé un almuerzo o merienda para una persona en condición de calle y le daré la bendición al entregárselo

Frase de reflexión

“En la cruz de Jesús se puede ver toda la fuerza del mal, pero también toda la omnipotencia de la misericordia de Dios”. Papa Francisco.

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