3 grandes enseñanzas del Adviento que podrían transformar tu corazón Vida 

3 grandes enseñanzas del Adviento que podrían transformar tu corazón

Adviento proviene de la palabra en Latín que significa “venida”. Sabemos que Jesús viene, y el Adviento está destinado a ser un tiempo de preparación para su llegada.

Si bien, generalmente consideramos el Adviento como una temporada alegre, también se pretende que sea un período de preparación, muy similar a la Cuaresma. La oración, la penitencia y el ayuno son apropiados durante esta temporada.

El Adviento no es tan estricto como la Cuaresma, y no hay reglas para el ayuno, pero está destinado a ser un período de preparación personal.

El color púrpura asociado con Adviento es también el color de la penitencia. Los fieles deben ayunar durante las primeras dos semanas en particular y recibir el Sacramento de la Reconciliación.

A continuación, te presento un extracto de una reflexión realizada por el Padre Antonio Danoz, y que trata sobre 3 grandes enseñanzas que nos deja el Adviento que te puede servir mucho para este tiempo de preparación

1.- El Adviento, hogar de la esperanza

La esperanza se asoma por todas las ventanas del Adviento. Si miramos el pasado, toda la historia de Israel es un camino de esperanza.

Si miramos al futuro, escuchamos la voz de San Pablo: “¡Ven Señor Jesús!” (1 Co 16,23)

La esperanza invita a la vigilancia

Que no nos suceda como a los habitantes de Belén, que cuando nació el Señor le cerraron las puertas.

En sus hogares no pudo nacer el Mesías. Para ellos no hubo Navidad.

La esperanza invita a construir esperanza

La esperanza es enemiga de la pereza, de la ociosidad. El apóstol Pablo nos recuerda:

“Me he enterado que algunos de ustedes viven en la ociosidad…; a estos les ordeno y recomiendo en nombre del Señor Jesucristo, que trabajen pacíficamente” (2 Tes 3,11-12). Construimos esperanza cuando “No nos cansamos de hacer el bien” (2 Tes 3,13)

Dar razón de la esperanza

En medio del panorama social, del clima de violencia, de los enfrentamientos, unas veces ideológicos, otras físicos, ante la situación de pobreza en continuo crecimiento, los cristianos, en la etapa de Adviento estamos obligados a ser testigos de esperanza.

La esperanza no es una palabra vana. Tenemos que hacer que la Navidad sea una fiesta para todos y no sólo para unos pocos. Tenemos que hacer posible la palabra de Jeremías:

“Hay esperanza para tu futuro. Yo el Señor lo afirmo” (Jer 31,17).

2.- El Adviento, tiempo de conversión

El llamado a la conversión nos llega por la voz de los profetas del Adviento: “Preparen los caminos”, “conviértanse”, “estén vigilantes”.

Lo más importante de la conversión es tomar conciencia de que Dios viene a romper las cadenas de opresión del pecado y reestablecer los lazos de amistad. La esperanza consiste en experimentar el gozo de sabernos salvados por el Mesías nacido en Belén.

Prepara los caminos. Para el encuentro con el Dios que salva hay que remover los obstáculos y nuestra oscuridad será la luz del mediodía.

Salir al encuentro de Dios en los hermanos

Convertirse es compartir. Hay que empezar por lo más elemental. El que tenga comida que comparta con el que no tiene. Convertirse es practicar la justicia.

La justicia elemental es no defraudar, retribuir con equidad el esfuerzo del que trabaja. La justicia evangélica exige más: el reparto justo de bienes, que cada persona disponga de los recursos necesarios para una vida digna, una vivienda confortable.

3.- La alegría de la salvación

En este tiempo de Adviento, la Iglesia nos propone textos bíblicos que invitan a la alegría. El gran profeta de la alegría mesiánica es Isaías.

“Que el desierto y el sequedal se alegren, que se regocije la estepa, y florezca como flor… Se manifestará la gloria del Señor…, él vendrá y nos salvará” (Is 35,1)

La salvación tiene sus signos:

Se despejarán los ojos de los ciegos; las orejas de los sordos se abrirán; saltará el cojo como ciervo; la lengua del mudo se desatará” (Is 35,5-6).

La alegría que anuncia el profeta se hizo realidad con el nacimiento del Salvador:

“Les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo, les ha nacido en la ciudad de David un Salvador” (Lc 2,10-11)

Pablo es otro mensajero de alegría en el Adviento:

“Estén siempre alegres en el Señor; se los repito, estén siempre alegres… El Señor está cerca” (Fil 4,42).

“Esta alegría viene del Espíritu y es fruto del Espíritu, y no de comilonas y borracheras” (Rom 4,4) “Aguardamos la alegre esperanza: la aparición.

 

 

Por  Qriswell J. Quero | PildorasdeFe.net

Related posts

Leave a Comment