Eres amado con un amor infinito Editorial 

Eres amado con un amor infinito

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

¿Sabías que las hormigas al levantarse estiran sus patitas y abren su mandíbula como bostezando? Además, ¡estos insectos son capaces de levantar 50 veces su peso! ¿Sabías que existen alrededor de 6,000 especies de lombrices en el mundo? ¿Sabías que las moscas prueban la comida con sus pies? En efecto, Dios nos demuestra a través de su creación que no ha hecho nada al azar; sino con belleza y propósito.

Y por si fuera poco Dios se hizo hombre, dejando escapar de sus labios las siguientes palabras: “Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? (Mt 6, 26). ¡Exacto! ¿No vale el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios más que los animales? Muchas veces lo olvidamos; perdemos de vista quienes somos y por qué estamos aquí. De manera que el “mundo” se encarga de darnos las respuestas –equivocadas y hasta retorcidas– en cuanto a  nuestra esencia se refiere.

Pero un corazón sediento de la Verdad y por agradar a su Señor, sabe que no todo lo que brilla es oro; ni que todo lo que se dice por ahí es cierto. Hoy nos quieren forzar a aceptar que un hombre puede complementar a otro hombre, y que un niño puede tomar decisiones de adulto sobre su identidad. Nos hacen creer que duele más ver morir a un feto de la especie animal, que a un ser humano al que llaman conjunto de células y tejidos. De igual manera, se afanan en llamar a un conjunto de bacterias en Marte vida, mientras que un corazón latiendo en el vientre materno no lo es.

El apóstol san Pablo nos advertía hace siglos: “Pues llegará un tiempo en que los hombres ya no soportarán la sana doctrina, sino que se buscarán maestros a su gusto, hábiles en captar su atención; cerrarán los oídos a la verdad y se volverán hacia puros cuentos. Por eso debes estar siempre alerta” (2 Tim 4, 3-5). Y eso es lo que precisamente quiero decirte a través de este escrito.

Dios te ama; y te ama con un AMOR INFINITO. Tú eres su más grande creación, te ha dotado con la capacidad de amar, de perdonar, de llorar y de mejorar. De buscar la humildad y la santidad. Sin embargo, te ha creado libre. Libre de elegir la misericordia o el odio; la tolerancia o el desprecio; la fidelidad o el alejamiento de Él. Es que eso es lo que nos diferencia de toda otra creatura suya.

Por ejemplo, ahora que hemos celebrado el día de todos los santos, te has preguntado ¿quiénes son realmente estas personas? En palabras sencillas, ellos son seres humanos que –se decidieron con plena libertad y convicción- a entregarlo todo a su Creador. Y en esto está el secreto a una vida que camina segura hacia el Cielo. Pues Jesucristo nos dijo estas hermosas palabras: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando” (Jn 15, 13-14). Todos los que hoy conviven en la Presencia del Altísimo siguieron esta corta frase: ustedes son mis amigos si cumplen lo que les mando. Y no, no hay amor más GRANDE que este.

Recuerdo las palabras de un niño cuando me preguntaba: ¿Pero cómo es que Dios me ama tanto? ¿Así como mis papás me quieren? Entonces consideré un ejemplo sencillo: tus padres te aman muchísimo, y su amor es como un lago; hermoso, profundo. Pero el amor de Dios es como el océano. ¿Es enorme verdad?…Sí, infinito… me dijo. Bueno, precisamente ése es el amor que Dios te tiene. Nosotros somos como granitos de arena….qué chiquitos somos, dijo sonriendo. ¡Así es! Entonces, el mal que podamos hacer puede ser MUY grave, pero si nos arrepentimos de todo nuestro corazón ¡no se compara con el perdón que es capaz de darnos! Pero aunque somos tan pequeños, cada obra buena que hagamos es como una montaña para Él. Sus ojos brillaron y me dijo: “entonces voy a hacer montañas para que me pueda ver si me subo hasta arriba”. Ya entiendo por qué Jesús nos pedía ser como niños. Por lo que esa inocencia y esa sencillez solamente brilla en algunos adultos; aquellos que guardan su corazón cerca del que es manso y humilde, nuestro Señor.

Y te puedes estar preguntando, ¿Qué puedo hacer para agradarle a Dios si he vivido alejado de Él por años? ¿Cómo puedo reconciliarme en una amistad verdadera con mi Padre del Cielo si le he fallado una y otra vez? ¿Querrá castigarme? Probablemente ya esté harto de mí…¡Me alegro que lo preguntes! Creo que la manera más directa de contestar lo anterior es utilizando las palabras que salieron de los labios benditos de nuestro Señor cuando se las confió a santa Margarita de Alacoque. Y que hoy te las dirige a ti, su creatura más amada: “Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí”.

Sabes, muchas, incluso muchísimas veces me he hecho la misma pregunta en el silencio que se vive al estar frente a Jesús Eucaristía o frente a la Cruz: ¿Cómo puedes amarme tanto si te he fallado una y otra vez? ¿Por qué te aferras a perdonarme Dios mío? Yo no merezco ni tu mirada…y en aquel momento, en que me siento más indigna de su Amor, cuando tendría todo el derecho de negarme, es cuando sus brazos más se abren de par en par para hacerme saber que no me ama por mis méritos, sino simplemente por ser quien soy.

Quiero pedirte que cuando pienses en el amor que Dios te tiene, olvides toda noción de hacer para merecer; de ser fiel solamente por temor al castigo, de ser parte de su Iglesia porque es cosa de familia. Olvida todo eso. Y contempla lo siguiente, y con esto quisiera concluir. Lo que te escribo a continuación es la letra de una canción en inglés traducida al español que se llama “Corro hacia la Cruz”. Deja que se vuelvan tus palabras dirigidas a Jesucristo, desde el fondo de tu corazón.

——-

Fuiste herido, traspasado y lacerado; yo he sido redimido.

Estabas atado por mis transgresiones; yo he sido liberado.

 

A quien el Hijo libera es libre, yo soy libre realmente.

Corro hacia la Cruz, caigo en tus brazos, y sé que estoy perdonado,

sí, sé que estoy perdonado.

Corro hacia la Cruz, ahí coloco mi corazón, y no he sido desamparado,

sí, no estoy desamparado.

 

Me alejé de la misericordia y Tú todavía me buscaste.

Detenido como cautivo de mis faltas, ¡oh, me rescataste!

 

A quien el Hijo libera es libre, yo soy libre realmente.

Corro hacia la Cruz, caigo en tus brazos, y sé que estoy perdonado,

sí, sé que estoy perdonado.

Corro hacia la Cruz, ahí coloco mi corazón, y no he sido desamparado,

sí, no estoy desamparado.

 

Todo a Jesús, me entrego, todo a Él lo doy libremente.

Todo a Jesús, me entrego, todo a Él lo doy libremente.

Todo a Jesús, me entrego, todo a Él lo doy libremente.

 

Corro hacia la Cruz, caigo en tus brazos, y sé que estoy perdonado,

sí, sé que estoy perdonado.

Corro hacia la Cruz, ahí coloco mi corazón, y no he sido desamparado,

sí, no estoy desamparado….

——-

 

Esta es la historia de cada uno de nosotros. Fallamos, y aún de esta manera, Él nos busca. Pecamos una y otra vez, pero conociendo nuestra debilidad está siempre dispuesto a perdonarte. Pero ¿Por qué? Porque eres amado con un AMOR INFINITO.

Related posts

Leave a Comment