Héroes de nuestra fe Editorial 

Héroes de nuestra fe

Por Brenda Figueroa |Colaboradora Editorial.

Hay héroes de los que no se habla en los medios de comunicación. Hombres y mujeres que prefieren andar en el silencio y la humildad, como lo hizo nuestro Señor. De hecho, existen personas que son un ejemplo de lo que significa verdaderamente ser de Cristo, y pocos, muy pocos, los conocen. Por ello, quiero contarte sobre algunos de ellos. Prepárate porque una vez que leas sobre sus vidas, ya nada será igual. Algo en ti descubrirá que entre nosotros, aún en este siglo XXI, caminan seres humanos dispuestos a todo por Jesucristo.

Un sencillo misionero salesiano de origen indio, el Padre Thomas Uzhunnalil se encontraba en el hogar de las Misioneras de la Caridad en Yemen. Era el año 2016. ¿Sabíamos algo de él en el plano internacional? En realidad no. Era uno como tantos otros misioneros que, enamorados de Dios, le entregaron su vida. Sin embargo, todo cambió radicalmente cuando un grupo de fundamentalistas islámicos atacó el lugar en que se encontraba, de tal manera que fallecieron 16 personas; entre éstas, 4 hermanas de la Caridad.

Y, el desconocido misionero fue secuestrado. Pero Dios nunca abandona. Tras algún tiempo, en mayo 2016, un video del Padre Thomas circulaba en el que pedía ayuda para ser rescatado. Las oraciones por su liberación aumentaron y crecieron alrededor del mundo. Y Dios escuchó.

El esfuerzo de las autoridades como la del gobierno de la India y de la Conferencia Episcopal india rindió frutos. Después de estar privado de su libertad por 18 meses, fue soltado el 12 de septiembre 2017. Ese miércoles el Papa Francisco lo recibió. Imagina la escena: el humilde misionero tan pronto vio al Sumo Pontífice se arrodilló ante él, quien le ayudó a ponerse en pie. Con cariño, el Papa lo abrazó, asegurándole que rezaría por él, a lo que el Padre Thomas respondió con un noble gesto, besándole las manos. Las palabras del misionero salesiano muestran la belleza de nuestra Iglesia en su unidad: “He rezado todos los días por usted, ofreciendo los sufrimientos por su misión y por el bien de la Iglesia”. ¡Qué bello testimonio de fidelidad y perseverancia!

El segundo héroe del que quiero hablarte es el Padre Douglas Bazi, de Irak. ¡El valor que tuvo para enfrentarse a tal situación sólo pudo venir de Dios! Bueno, te cuento. Este hombre, un desconocido para nosotros en aquel tiempo, era el Párroco de la iglesia de San Elías en Erbil, Irak. Ya había sobrevivido a dos atentados, causados por el caos en la ciudad. El primero sucedió cuando un grupo de radicales lanzó bombas mientras celebraba la Misa, y la segunda colocaron una de éstas en su parroquia además de dispararle en una pierna.

Pero en el año 2006, tras celebrar la Santa Misa y encontrarse de camino a casa de unos amigos, dos autos intervinieron, secuestrándolo. Explicaba en uno de sus testimonios que en aquel instante pensó: “Este es mi fin, me van a matar”. Imagína esto: Le vendaron los ojos y le amenazaban con dispararle si veía a sus secuestradores, mientras lo metían a la cajuela del carro para llevarlo a una casa en donde estuvo preso por 9 días, en los cuales no recibiría ni comida ni agua.

Durante su cautiverio sufrió físicamente la agresión por parte de sus secuestradores. El P. Bazi comenta que sangraba bastante ya que lo habían golpeado con un martillo en el rostro y con las rodillas. Sin embargo, afirma que nunca le tuvo miedo a la muerte. Sus palabras son: “para ellos la muerte era el fin de la vida, en cambio para nosotros (los católicos) es el principio”.  Y como toda alma fiel a Dios, encontró alivio en los brazos de María. De hecho, las esposas con las que lo ataron tenían una cuerda con 10 nudos, que utilizó ¡para rezar el Rosario! Siendo éste su único consuelo.

Finalmente fue liberado y hoy, tras 11 años de aquella dura prueba, sigue entregando su vida a Dios asistiendo a familias refugiadas. Durante una de sus conferencias aseguró: “Nuestra comunidad se basa en cuatro puntos: Jesús, el Papa, el Obispo y el sacerdote. Por eso, cuando quieren atacar comienzan por el sacerdote porque así atacan la base. Y es que los mayores testigos de la fe no son noticia, ya que se esconden en la sombra del éxito mundano, pues todo logro lo adjudican a Dios, su todo.

El penúltimo ejemplo de los héroes de los que quiero hablarte, es un grupo de mártires. Antes de que sus rostros salieron en los noticieros, nadie hablaba de ellos. Es que en realidad eran hombres comunes. No obstante, el amor por Jesús, los llevó a su Presencia. Algunos de ellos provenían de un pueblo en Egipto, Minya, y los demás de otro en aquel país, Al-Our. Pero una mejor vida y ganarse el pan los llevó a dejar Egipto e ir a Libia. De manera que un 27 de diciembre de 2014, miembros del Estado Islámico irrumpieron en el edificio en que se quedaban los inmigrantes llevándose solamente a los cristianos.

Y así, en el mes de febrero del 2015, 20 cristianos coptos fueron vestidos de naranja y forzados a arrodillarse a la orilla de la costa mediterránea del norte de África. Pero ¿conocías este dato sorprendente? En realidad fueron ejecutados 21 hombres aquel día. El mártir número 21 era Mathew Ayariga; no era cristiano, pero se convirtió al ver la fe de los demás. Por ello, al cuestionarle los terroristas si rechazaba a Jesús, -sabiendo que sería martirizado- dijo firmemente: “Su Dios es mi Dios”. Y murió siendo fiel a nuestro Señor.

Cuando los conocimos, debido a las fotografías que nos sacudieron a todos, muchos consideraron que era atroz lo cometido aquel día. Y lo fue. Sin embargo, aquella súbita muerte sólo dejaba en claro que les esperaba el Cielo antes de tiempo. En efecto, el obispo copto católico Anba Antonios Aziz Mina expresó algo que me dejó sin palabras: “…en ese producto diabólico del horror sanguinario, se ve que algunos mártires, en el momento de su tremenda ejecución, repiten ‘Señor Jesucristo’. El nombre de Jesús fue la última palabra que pronunciaron sus labios. Como en la pasión de los primeros mártires, se confiaron a aquel que poco después les acogería….“. Lo único que queda por preguntarnos en reflexión es, ¿Estamos tan convencidos del Cielo, de nuestra Fe, como para vivir sin miedo hasta dar la propia vida?

Sabes, me encantaría contarte sobre tantos mártires y testimonios de nuestra fe católica que surgen cada día, en los rincones del mundo. Pero por motivos de espacio y tiempo, agrego uno más. Es el turno de Rebeca Bitrus. Su historia es una prueba de que quien a Dios tiene, todo lo puede; incluso el perdón más difícil. Rebeca nació en una familia muy católica de Nigeria, y tiene siete hermanos. Contrajo matrimonio con Bitrus y durante siete años vivieron en este país. Sin embargo, Boko Haram, movimiento terrorista, llegó a su pueblo en el 2014. Rebeca fue secuestrada con sus dos hijos; el primero nacido de su matrimonio y el segundo, producto de las violaciones por parte del grupo. Pero otro hijo suyo nacido de su matrimonio, tras ser secuestrados fue aventado al río por los yihadistas porque lloraba mucho; ella solamente pudo verlo morir. Su esposo se escapó para no ser decapitado. ¿Te imaginas haber vivido esto?

Su cautiverio duró dos largos años. Se vio obligada a cortar madera y cocinar en el bosque en donde se escondían los miembros del grupo. Además, si no leía el Corán la metían en un pozo profundo excavado en el suelo. Rebeca se negaba totalmente a seguir y aceptar el Islam, hasta que supo qué hacer: fingía rezar el Corán pero en realidad estaba rezándole a Dios diciéndole que lo amaba y pidiendo que la liberara. Precisamente estar en oración con Dios en su interior le permitió aguantar los golpes, trabajos forzados y abusos por parte de los integrantes de Boko Haram.

Esta valiente y heróica mujer, tras ser liberada, relata que su fe en Dios y la Iglesia le dio fuerzas para volver a integrarse, así como fue de gran apoyo la Fundación de Ayuda a la Iglesia Necesitada en donde vive. Hoy la Fundación la ha llevado a Europa para dar testimonio de su fe. Entre sus palabras escuchamos: “Ya los he perdonado”. ¿Qué tienen en común los cristianos de todo el mundo? a Jesucristo. Dan la vida por Él, perdonan a sus enemigos, y confían totalmente en Dios. No tienen miedo a morir, pues reconocen la Resurrección, y creen en ella. Verdaderamente, para nosotros, la muerte no es el final, sino el comienzo de una vida eterna. Jesús venció a la muerte, y los santos ya están en su Presencia.

He querido hablarte sobre estos héroes de nuestro siglo XXI, porque el mensaje del Evangelio sigue vivo, aún hoy, entre los escombros y las sombras. No tenemos excusa para decir que hoy todo ha cambiado, que tal vez Jesús es uno más de los que se venden por ahí como Maestros. No. Él dio su vida por ti, y lo única que espera es que le des lo mismo a cambio: todo de ti. Aunque lo que tenemos sea poquísimo en comparación a su Grandeza, lo quiere.

El P. Thomas Uzhunnalil, el P. Douglas Bazi, los 21 mártires de Egipto y Rebeca Bitrus son sólo algunos nombres de los verdaderos héroes de fe. Sin olvidar a quienes prefieren morir al filo de la espada, crucificados o quemados por recordar vivamente en sus corazones las palabras de nuestro Salvador: “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos” (Mt 10,32-33).

Hay quienes consideran demasiado ir a Misa todos los días, ser constantes todos los domingos, persignarse, orar durante el día, acudir al Santísimo, rezar el Rosario, orar por las almas del purgatorio, hacer penitencia y ayuno. Eso es para los fanáticos, piensan. Pero no olvidemos que si queremos seguir a Cristo, de verdad, debemos ser congruentes cuando escuchemos las palabras de Jesús que nos dijo a ti y a mí: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero” (Mt 22,37-38). Eso es lo que distingue a los héroes de todos los tiempos. Y, es lo que han hecho, y harán, los que han de venir.

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