Evangelio del día Martes 12 de Septiembre Evangelio 

Evangelio del día Martes 12 de Septiembre

Martes de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beato Pedro Cristóbal Faverge, San Francisco Ch‘oe Kyong-hwam.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6, 12-19.
 

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. 
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: 
Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, 
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, 
Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. 
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 
para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; 
y toda la gente quería tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús compone su equipo y luego se encuentra rodeado por una gran multitud de gente que llegada para escucharlo y ser curada porque de Él brotaba una fuerza que sanaba a todos. Son las tres relaciones de Jesús: Jesús con el Padre, Jesús con sus apóstoles y Jesús con la gente. Jesús oraba al Padre por los Apóstoles y por la gente. Y aún hoy reza.

Es el intercesor, el que reza, y reza a Dios con nosotros y ante nosotros. Jesús nos ha salvado, hizo esta gran oración, su sacrificio, su vida, para salvarnos, para justificarnos: estamos justificados gracias a Él.

Ahora se ha ido, y reza ¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria. Jesús tiene las llagas en las manos, en los pies, en el costado y cuando ora al Padre muestra este precio de la justificación, y reza por nosotros, como diciendo: “Pero, Padre, que esto no se pierda”

Jesús tiene la primicia de nuestras oraciones, porque es el primero en orar y como nuestro hermano y un hombre como nosotros, intercede por nosotros.

Al principio, Él realizó la redención, justificó a todos, pero ahora, ¿qué hace? Intercede, reza por nosotros. Pienso en qué habrá sentido Pedro cuando lo renegó, y luego Jesús lo miró y él lloraba. Podía arrepentirse.

Muchas veces, entre nosotros, nos decimos: “Reza por mí, ¿eh?, lo necesito, tengo tantos problemas, tantas cosas: Reza por mí”. Y eso es bueno, ¿eh?, porque nosotros hermanos debemos rezar los unos por los otros.

Pidamos a Jesús: “Reza por mí, Señor, Tú eres el intercesor”.

Él reza por mí; reza por todos nosotros y reza con coraje porque hace ver al Padre el precio de nuestra justicia: Sus llagas. Pensemos tanto en esto y demos gracias al Señor.

Agradezcamos por tener un hermano que reza con nosotros y reza por nosotros, intercede por nosotros. Y hablemos con Jesús, digámosle:

“Señor, Tú eres el intercesor, Tú me has salvado, me has justificado. Pero ahora, reza por mí”.

Y confiemos nuestros problemas, nuestra vida, tantas cosas a Él , para que Él las lleve al Padre (Homilía en Santa Marta, 28 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Señor, en tus manos coloco todas las situaciones en las que hoy voy a estar involucrado. Hazme sentir que me acompañas y me diriges con tu Sabiduría.

Tú eres fiel a tus promesas, conoces cada uno de los problemas que me mantienen encadenado a situaciones llenas de dolor y me roban la paz.

Todo aquel que recurre a Ti, siente la fuerza sanadora de tu amor. Por eso, libérame y sáname de toda tristeza y emoción negativa que corroe mi alma

Creo en Ti, en tu fuerza que restaura al más herido de los pecadores. Te abro mi corazón, llénalo de tu pureza para no perder jamás la luz de tu salvación.

Sólo Tú puedes salvarme, sanarme, inspirarme, mantenerme esperanzado y darle alegría a mi vida para que se desvanezca todo temor y angustia.

Quiero una fe fuerte como la roca que me haga sentirme optimista en los momentos de prueba y caminar con esperanza hacia mi propia felicidad.

Ven Señor, estoy dispuesto a entregarte todo de mí, a gastar mi vida por Ti, para que renueves mi vida y alejes la tristeza y el dolor para siempre.

Toca mi corazón y mis sentidos para sentir tu eterno consuelo. Confío en que tu fuerza sanadora recorre mi ser y me transformas en criatura nueva. Amén

Propósito para hoy

Hoy conversaré con alguien sobre el amor misericordioso de Dios y de lo importante que es tener una relación personal con Él.

Frase de reflexión

“Nunca nos dejemos arrastrar por la vorágine del pesimismo. La fe mueve montañas”. Papa Francisco.

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