¿Puede un creyente participar en política? Editorial 

¿Puede un creyente participar en política?

Por Sherman Calvo | Director Laus Deo.

Si bien es cierto que los males de la sociedad nos afectan, la manera que tiene la iglesia de combatirlo es por medio de la predicación del evangelio.

La Biblia promueve el progreso, el trabajo, la dignidad y la redención integral del ser humano, pero a través de la obra redentora de Cristo en nosotros. La perspectiva bíblica balanceada nos da el estándar de lo que debe ser el creyente y sus responsabilidades civiles incluyendo la política. Las Escrituras nos enseñan que nuestra manera de actuar no se separa de lo que somos delante de Dios y de lo que debemos ser delante de los hombres.

¿Puede un creyente participar de la política partidista organizada?  Absolutamente ¡sí! Un creyente puede participar en política bajo los estándares que la palabra de Dios establece de lo que debe ser el comportamiento ético de un discípulo de Cristo. El creyente, en el cumplimiento de sus responsabilidades civiles incluyendo la política, no debe olvidar que primero él es un representante de Cristo y después es todo lo demás. Somos compromisarios del reino de Dios: por lo tanto, todos los roles que asumamos están subordinados a nuestros roles como servidores de la causa de Cristo.

En un sentido amplio, política es un sustantivo, que viene del griego polis (ciudad). Y quiere significar la vida de la ciudad. En ese sentido amplio tenemos el adjetivo político que viene del griego polités (ciudadano) que denota las responsabilidades de este con la (polis) ciudad. En un sentido restringido política es el arte de gobernar. Trazadas esas diferencias, debemos preguntarnos si Jesús participó en política. La respuesta, es que en el sentido amplio sí; pero en el sentido restringido es evidente que no: No participó en ningunas de las opciones de poder político de su época; no fundó ningún partido político; no adoptó ningún programa político vigente en su tiempo; no dirigió una protesta política; no dio ningún paso para influir en las políticas del César, de Pilato, ni de Herodes. Sin embargo, su mensaje afectó la vida política y social de su época, llegando hasta el día de hoy. Trajo un nuevo paradigma de justicia y libertad a partir del servicio, la justicia y el amor.

Los cristianos que participan o quieren participar en la política en su sentido restringido, deben tomar en cuenta los siguientes elementos: Prioridad y perspectiva correcta. Aunque la iglesia somos los creyentes, y algunos creyentes están en el campo político, el mensaje central de la iglesia debe ser el evangelio y sigue siendo la cruz de Cristo como esperanza integral del ser humano. El cristiano que hace política debe estar consciente de la depravación del ser humano y que un mundo de total justicia no puede ser posible. Pureza de la iglesia. El creyente llamado por Dios al quehacer político, debe combatir la politización de la iglesia. Honestidad. Que las gestiones del creyente en cargos públicos sean como consecuencias de su honestidad y capacidad técnica, y no de su sagacidad partidista.    La verdad de Dios. Dios y Su Palabra es su norma de fe y conducta, y no las circunstancias del momento.

Hay 5 principios a tomar en cuenta a la hora de votar, hacer política o afiliarnos a un partido o candidato:

1) Evaluar el compromiso del partido político con la libertad de expresión del pensamiento, sea religioso, político o filosófico.
2) La protección de la vida como sagrada.
3) La provisión de justicia para todos.
4) La preservación de la familia tradicional según los valores bíblicos.
5) Gobernar con excelencia inspirado en un Dios que así lo espera.

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