Evangelio del día Jueves 08 de Noviembre Evangelio 

Evangelio del día Jueves 08 de Noviembre

Jueves de la trigésima primera semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beato Juan Duns Scoto.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 15, 1-10.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”.
Jesús les dijo entonces esta parábola:
“Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.
Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido”.
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús acoge a los pecadores y come con ellos. Era un verdadero escándalo en aquel tiempo, para esta gente. Imaginemos si en aquel tiempo hubieran existido los periódicos. Pero Jesús ha venido para esto, para ir a buscar a aquellos que se habían alejado del Señor.

Estas dos parábolas nos hacen ver cómo es el corazón del Señor. Dios no se detiene, Dios no va hasta un cierto punto, Dios va hasta el final, al límite, siempre va al límite; no se detiene a mitad del camino de la salvación, como si dijera: “he hecho todo, el problema es de ellos”. Él va siempre, sale, sale al campo.

Los fariseos y los escribas en cambio, se detienen a mitad del camino. A ellos les importaba que el balance de las ganancias y de las perdidas fuera más o menos favorable y con esto, estaban tranquilos. Sí, es verdad, he perdido tres monedas, he perdido diez ovejas, pero he ganado tanto. Esto no entra en la mente de Dios.

Dios no es un negociante, Dios es Padre y va a salvar hasta el final, hasta el límite. Y el amor de Dios es esto. Pero es triste el pastor a mitad de camino.

Es triste el pastor que abre la puerta de la Iglesia y se queda allí a esperar. Es triste el cristiano que no siente dentro, en su corazón, la necesidad de ir a contar a los demás que el Señor es bueno.

Pero cuánta perversión hay en el corazón de aquellos que se creen justos, como estos escribas, estos fariseos! Ellos no quieren ensuciarse las manos con los pecadores…

El verdadero pastor, el verdadero cristiano tiene este celo dentro: que nadie se pierda. Y por esto no tienen miedo de ensuciarse las manos. No tienen miedo. Va a donde debe ir. Arriesga su vida, arriesga su fama, se arriesga a perder su comodidad, su estatus, también a perder en la carrera eclesiástica, pero es buen pastor.

También los cristianos deben ser así. Es tan fácil condenar a los otros, como hacían estos – los publicanos, los pecadores – es tan fácil, pero no es cristiano, no es de hijos de Dios…

El buen pastor, el buen cristiano sale, está siempre en salida: está en salida de sí mismo, está en salida hacia Dios, en la oración, en la adoración; está en salida hacia los otros para llevar el mensaje de salvación. (Homilía en Santa Marta, 07 de noviembre de 2014)

Oración de sanación

Mi Dios, mi Salvador, quiero abrirme a la gracia del Espíritu Santo y recibir de Él toda su amistad. Te doy gracias por todas las bendiciones que en este momento haces llover sobre mí.

Tú haces sentir alegre a mi corazón, feliz y lleno de gozo porque contigo se renovaron mis fuerzas. No permitas que la tristeza se apodere de mi vida, se acumule y me quite la esperanza y las ganas de crecer cada día en tu amor.

Aumenta en mí la virtud de la esperanza, que pueda confiar siempre en tus promesas, y no sentir seguridad alguna sólo en mis fuerzas, sino en la asistencia divina del Poder del tu Espíritu.

Me siento dichoso por haberte permitido la entrada a mi vida, pues desde ese momento, mi corazón se renovó y recobró fuerzas para vencer toda obra maliciosa que quiere apartarme de las bendiciones de tu presencia.

Aleja de mí el espíritu de rebeldía, ese espíritu que me llena de soberbia y me hace perder por caminos de dolor y sufrimiento. Cuento contigo, cuento con la seguridad de tu protección.

Ven a reinar en mi corazón. Necesito de tus fuerzas. Ayuda a que mis decisiones siempre sean las correctas y estén orientadas para el bien de mi alma y la de mis seres queridos.

Señor, renuevo hoy mi alianza de amor contigo y te hago dueño de mi vida para que ilumines mis caminos y me hagas sentir que nada está perdido.

Me siento feliz, amado mío, porque sé que te regocijaste en una fiesta por mí cuando supiste que yo había regresado a tus caminos. Gracias Señor. Espero no defraudarte. Amén

Propósito para hoy

Contaré a un compañero cómo fue que el Señor llegó a mi vida y me restauró el amor y la alegría de vivir

Frase de reflexión

“La misericordia de Dios nos salva. No nos cansemos nunca de anunciar en todo el mundo este mensaje gozoso”. Papa Francisco.

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