La “deconstrucción” del género es una destrucción de la familia Editorial 

La “deconstrucción” del género es una destrucción de la familia

Por Sherman Calvo | Director Laus Deo.

Tomemos un ejemplo de deconstrucción del lenguaje debido al género. Hemos pasado: -Del esposo marido y de la mujer, único y sujeto de un don total de sí para la vida, a las parejas (o compañeros), múltiples y temporales;  -de la maternidad al derecho de la mujer a disponer libremente de su cuerpo; -del matrimonio entre un hombre y una mujer en tanto que es institución estable, a la celebración cultural del amor libre hetero u homosexual sin compromiso; -de la familia a las familias, o a la familia en todas sus formas; -de la procreación a la reproducción

Es interesante constatar que el nuevo lenguaje del género, según lo definió en  conferencia magistral el Cardenal Sarah, reemplaza palabras que expresan realidades universales, que el cristianismo ha enaltecido. De ese modo, los siguientes términos, son borrados del lenguaje del género, y por tanto cada vez más del gobierno mundial y estatal: se trata de las palabras don, plenitud, servicio, mal, envidia, alegría, verdad, esperanza, perfección… En cambio, he aquí las palabras y expresiones que derivan de la ideología del género, que constituyen como una base de datos informáticos, que corresponde a un nuevo corpus linguae muy extraño de tipo sociológico-científico, mencionemos algunas de ellas: perspectiva de género, neutro en cuanto al género, discriminación sobre la base del sexo, especialista de género, sexo, especificidad, estereotipos sexuales.

El género, por tanto, ha pasado a las costumbres y prosigue su camino de “deconstrucción”, es decir, de destrucción de la familia y por tanto de la sociedad, en una indiferencia casi generalizada. Debemos tomar conciencia de ello urgentemente para consentir emprender la resistencia, sea cual sea el precio a pagar: de la burla a la marginación, y del encarcelamiento al martirio. El veneno ya ha sido inoculado tanto a nivel de las naciones como de las instancias internacionales, de las cuales la más notoria e influyente es la ONU (las Naciones Unidas).

Todas las legislaciones del mundo, deberían tener leyes que protejan el concepto de la familia y facilitar lo más posible su unión y continuidad. Familia es el lugar donde los miembros nacen, aprenden, se educan y desarrollan. Debe ser refugio, orgullo y felicidad de todos sus integrantes.

La familia se convierte en un castillo, que además de servir de refugio de sus componentes, estos tienen que defenderla de todos los ataques que le hagan. No pueden permitir que lo dañino pase sus puertas. Todos tienen que formar un solo cuerpo, para preservar su propia vida presente y futura.

La familia está fundada en el matrimonio, que es exclusivamente la unión por amor ante Dios, del hombre y de la mujer, para complementarse mutuamente y para transmitir la vida y la educación a los hijos. Es mucho más que una unidad legal, social o económica. Es una comunidad de amor y solidaridad, para transferir e instalar en las mentes las virtudes y valores humanos, culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, así como los principios de convivencia, tanto internos como externos, que tan esenciales son para el desarrollo y el bienestar de sus miembros y de la sociedad.

Detrás de cada  joven “descarrilado”, suele haber una familia disfuncional. No se puede echar la culpa a los niños, ni a los jóvenes, por algunos de sus malos comportamientos, hay que buscar su origen para corregirlo. Normalmente, es porque ha habido mal funcionamiento de sus familias.

La familia es una unidad de destino religioso, social y político. Tiene que defenderse de los ataques de sus innumerables enemigos, algunas veces incluso de los que tiene dentro, debido al mal ejemplo que se dan unos a otros. 

La familia es la base que sostiene unida a la sociedad.    El futuro de la humanidad pasa por la familia. Sí, si la batalla final entre Dios y el reino de Satanás pasa por el matrimonio y la familia, tenemos que tomar conciencia urgentemente de que estamos ya en el corazón de esta batalla espiritual, de la cual dependen el futuro de nuestras sociedades humanas, y sabemos que la familia, fundada en el matrimonio de amor, monógamo, libre, fiel e indisoluble, es la célula básica. Nuestras familias cristianas son como esos múltiples alveolos de cera de las colmenas, por tanto frágiles y que deben ser reforzadas continuamente.

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