El gran desafío Editorial 

El gran desafío

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

Existe una hazaña que muy pocos seres humanos han logrado conquistar, y que parece ser que en nuestro mundo se va evaporando de la lista de las virtudes: la paciencia. Para muchos, el sólo hecho de considerar esperar un segundo los desespera. Pero ¿será que no conocemos lo bueno que trae practicarla? 

Primeramente, ¿qué es la paciencia? Bueno, pues de acuerdo a la Real Academia Española ésta es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse“. Es corta, suena sencillo y realizable pero ¡nada fácil! ¿verdad?

Por ejemplo, en las Sagradas Escrituras se nos muestra la figura del buen Job, quien lo perdió todo: familia, riqueza y salud por permanecer fiel a Dios. Sin embargo, ¡qué alegría cuando, pasada la prueba Dios le recompensó tal acto! No obstante, quisiera mantener el enfoque -en este mes de octubre dedicado al Rosario- en la Santísima Virgen María. Nuestra Madre.

¿Cómo surgió este escrito? Bueno, pues de forma espontánea me topé con la siguiente frase:

“La gente cree que la paciencia es pasiva, y no es así. La paciencia es activa. Es fuerza concentrada”. 

Y pensé: vaya ¡nunca lo había visto desde esta perspectiva! Siempre consideré que la paciencia era para quienes tenían un carácter pausado, de aquellos que se ríen de todo y nada en la vida les importa realmente. Sin embargo, al leer que –es fuerza concentrada- algo cambió. Es como si algo que parecía poco apetecible de practicar, o solamente se les facilitaba a algunos, se transformó en interesante.

Mi mente voló hacia María. La imaginé en el silencio de su habitación, orando constantemente con un gran fervor y confianza. Una dulce y bella doncella virgen que esperaba. Así es. Y es que cuando María esperaba al Salvador y posteriormente vivió a su lado, se caracterizó por “guardar las cosas en su corazón” (Lc 2, 19).  

Nuestra Madre era una mujer paciente. Tal como la definición de la RAE lo explicaba, María padeció sin alterarse. Tan sólo recordemos la huida a Egipto o ver a Jesús en el Calvario.

¡Qué honor y gloria le otorgó Dios a tan humilde criatura! Y tanto que tenemos que aprender de nuestra Madre querida. En realidad, Ella siempre manifestó una vida que reflejaba la frase que leí: “La gente cree que la paciencia es pasiva, y no es así. La paciencia es activa. Es fuerza concentrada”. 

El gran desafío al que nos afrontamos en el camino de la santidad es ser pacientes. Por eso, quiero invitarte a que pienses en María, pídele la gracia de esta gran virtud. Y recuerda que el gran desafío, después de todo, puede volverse nada, si seguimos el consejo de quien ya lo ha conseguido.

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