La Barca de Pedro sigue navegando pese a los obstáculos Editorial 

La Barca de Pedro sigue navegando pese a los obstáculos

Por Rolando Simán. 

 

Cuando Jesús llega con sus discípulos a la región de Cesarea, les hizo una pregunta: “Ustedes, ¿quién dicen que soy?”. Simón respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt. 16:16). Entonces, Jesús le dijo: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo. Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos” (Mt. 16:16-19). A partir de este pasaje bíblico, Jesús bendice a Simón, también llamado Pedro, y con él funda su Iglesia en la Tierra hasta estos días.

Después de la muerte de Jesús, Nerón incendia Roma en el año 64 y desencadena una feroz persecución contra los cristianos. Pedro huye de la ciudad, pero al ir corriendo Jesús resucitado aparece y él le pregunta: “Quo vadis Domine?” (¿Adónde vas, Señor?). Y el Señor le responde: “A Roma para volver a ser crucificado”. Pedro entiende el mensaje y se regresa. Finalmente muere crucificado en la Colina Vaticana, en el Circo de Nerón. Sobre su muerte la historia relata que suplicó a sus verdugos que colocaran su cruz de cabeza, porque se sentía indigno de que estuviera de pie, como la de Cristo.

Tras este primer gran líder de la Iglesia le sucedió San Lino del año 67 al 76. Desde entonces la Iglesia de Jesús vería traspasar su guía de un vicario de Cristo o papa a otro; y, así sucesivamente hasta nuestros días.

Si recordamos en la historia de la fundación de la Iglesia, Jesús nombró a doce discípulos, que lo acompañaron durante su vida pública y fueron sus testigos y predicaron su mensaje, su Buena Nueva, su Evangelio. De los doce, diez de ellos fueron martirizados, Juan murió anciano, pero uno lo traicionó: Judas. “Qué me dan si lo entrego a ustedes?” (Mt. 26,14).

Con este pasaje bíblico quedó claro cómo de sus doce escogidos hubo un traidor que lo entregó a la muerte, era una enseñanza para hacernos saber que aún entre sus seguidores no faltarán los “judas”.

Jesús también nos dijo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en Mí le iría mejor si le pusieran al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que lo echasen al mar” (Mc. 9:42). Y ahora nos encontramos con varios casos descubiertos de pedofilia cometidos por prelados y encubiertos por sus superiores durante años.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”, dijo el Papa Francisco con un obvio pesar, en una carta emitida en siete idiomas, a causa de estos casos que han causado una gran herida en las vidas de los feligreses. En la misiva también pedía “ayuno y oración” y solicitaba actuar “con sed de justicia… apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias”.

En el recuento del pasado, vemos que a la par de Judas hubo once Discípulos buenos que dieron su vida por Jesús; de Pedro a Francisco hemos tenido 266 papas, muchos de ellos también mártires y 81 de ellos canonizados. La obra de sus seguidores bendice al mundo silenciosamente, sin publicidad. Por ejemplo, solo en África, la Iglesia Católica tiene 55,597 escuelas, 1,074 hospitales, 186 leproserías, 5,373 dispensarios, 1,997 jardines de infancia y 4,537 centros de educación y reeducación.

Por eso, pese a los obstáculos, la barca de Pedro sigue navegando, la Iglesia sigue bendiciendo y “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

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