El poder del Rosario Editorial 

El poder del Rosario

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

 

“¡Bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados!” diría San Josémaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Y es que recuerdo que al comenzar el rezo con aquellas pequeñas bolitas redondas entre los dedos, no pude evitar pensar que era monótono y repetitivo.

“Dios te salve María… Dios te salve María…” primero mirando al techo, después me distraía por un leve ruido. En fin, ¡siempre había un motivo! ya fuera para dejarlo de lado y “retomarlo después”. Seguramente te ha pasado…

Lo admito, no fue nada sencillo, pero como dicen la práctica hace al maestro. Por supuesto, en este caso, el amor haría que pudiera desear rezarlo en lugar de verlo como una carga. Entonces, con el tiempo y voluntad (¡hay que fomentarlo también!) me fue posible anhelar el momento en que me encontrara frente a María meditando su vida junto a su Hijo Amadísimo.

¡Qué bello fue aquello! Y es que no era el mero sentimiento de haber conquistado la cima de la montaña, nada como: por fin logré sentarme a rezar sin distraerme. Sino mas bien: mi corazón ansía darse a la Madre que tanto me ama y me procura, conversar con ella en lo íntimo de mi ser, y con ello, llegar fielmente a Jesús.

Honestamente, nada puede apetecernos de verdad ni saborearse por largo tiempo, sino es movido por el amor. No hay recuerdo que nos embellezca la memoria ni momento del pasado que nos haga latir tanto el corazón de alegría como una acción que fue vivida desde un amor puro.

El día en que aceptamos pasar el resto de nuestras vidas junto a nuestra pareja, el primer hijo, el abrazo de un padre o madre tras un suceso de éxito, una nueva amistad que ha durado por años… El amor es lo único capaz de realzar en toda su magnitud las cosas sencillas y pasajeras de la vida haciéndolas perdurar para siempre en nuestro interior. Y ¿quién más bello y majestuoso que el Amor mismo que es nuestro Dios?

Por ello en este mes de Octubre, mes del Rosario para los católicos, quiero invitarte a dejarte tocar por el amor. Impregnarte del amor materno de la Virgen Santísima quien derrama siempre a sus amados hijos el afecto infinito del Altísimo.

Y como diría el santo que tanto amó a nuestra Madre celestial, San Josemaría: “El Santo Rosario es arma poderosa. Empléala con confianza y te maravillarás del resultado”.

¡Ánimo en la fe!

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