Evangelio del día Jueves 19 de Julio Evangelio 

Evangelio del día Jueves 19 de Julio

Jueves de la decimoquinta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Símaco.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 11, 28-30. 

Jesús tomó la palabra y dijo: 
“Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. 
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.” 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt. 11:28). Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente simple, pobres, enfermos, pecadores, marginados… esta gente siempre le siguió para escuchar su palabra -¡una palabra que daba esperanza!

Las palabras de Jesús dan siempre esperanza y también para tocar aunque solo fuese el borde de su manto. Jesús mismo buscaba a estas multitudes extenuadas y dispersas como ovejas sin pastor, así dice Él, y las buscaba para anunciarles el Reino de Dios y para sanar a muchos de ellos en el cuerpo y en el espíritu. Ahora los llama a todos a su lado: “Vengan a mí”, y les promete alivio y refrigerio.

Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y, a veces privados de auténticos puntos de referencia.

En los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas desamparadas y dispersas bajo el peso insoportable del abandono y de la indiferencia.

La indiferencia: cuánto daño hace a los necesitados la indiferencia humana. Y aún peor la de los cristianos. En los márgenes de la sociedad hay muchos hombres y mujeres probados por la indigencia, pero también por las insatisfacciones de la vida y las frustraciones.

Muchos se ven obligados a emigrar de su patria, arriesgando su propia vida. Muchos más, cada día, soportan el peso de un sistema económico que explota al hombre, le impone un “yugo” insoportable, que los pocos privilegiados no quieren llevar.

A cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, Jesús repite: “Vengan a mí, todos ustedes”.

Pero también lo dice a los que poseen todo. Pero cuyo corazón está vacío. Está vacío. Corazón vacío y sin Dios. También a ellos, Jesús dirige esta invitación: “Vengan a mí”. La invitación de Jesús es para todos. Pero de manera especial para los que sufren más.

Jesús promete reconfortar a todos, pero también nos hace una invitación, que es como un mandamiento: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón”

El “yugo” del Señor ¿en qué consiste? Consiste en cargar el peso de los otros con amor fraternal. Una vez recibido el alivio y consuelo de Cristo, estamos llamados también nosotros a ser alivio y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro.

La mansedumbre y la humildad de corazón no sólo nos ayuda a soportar el peso de los otros, sino a no cargar sobre ellos con nuestros propios puntos de vista personales, nuestros juicios, nuestras críticas o nuestra indiferencia. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 06 de julio de 2014)

Oración de Sanación

Señor, a veces siento que las fuerzas me abandonan y me invade el deseo de rendirme, de sucumbir ante mis luchas y posponer mis metas de vida.

No permitas que en la aflicción me aparte de Ti. Quítame los miedos del corazón que me agobian y perturban el alma. Lléname de fe y esperanzas.

Tú sabes el cansancio que embarga, la debilidad que toma control de mi vida y el desaliento que aparece cuando las cosas no resultan como esperaba.

Ante todas mis aflicciones, Tú me dices que recurra y descanse en Ti, que puedes aliviar mis cargas, dirigirme con sabiduría y darme tu fuerza reparadora.

Dame la valentía para afrontar nuevos retos. Libérame de los temores diario que me agobian y dame el poder de ser decidido y saber actuar con diligencia.

Hazme sentir que estás a mi lado, protegiéndome, siendo mi escudo y mi brazo fuerte. Que tu fuerza me enrumbe por el camino de la victoria y de la alegría.

No quiero que el pesimismo se adueñe de mí, por eso, confío en tu gracia, en que eres capaz de darme paz y serenidad en los momentos que más lo necesito.

Viviré este día en tu presencia a la espera de tu bendición en cada una de mis situaciones para poder realizarlas con éxito y sin preocupaciones. Amén

Propósito para hoy

Hacer un balance de todo lo que hago. Desechar aquello que me distrae de camino de santidad y ampliar los momentos de oración

Frase de reflexión

“Cuando vemos que alguien pasa realmente necesidad ¿reconocemos en él el rostro de Dios?”. Papa Francisco.

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